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Walter Deschain/Historia

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HistoriaEditar

El DesiertoEditar

El calor abrasador del sol se recostaba tranquilamente en las llanuras áridas y resquebrajadas. Un hollow escapaba rodeado de polvo que el viento se encargaba de llamar con su habitual sonido, Walter lo seguía decidido a darle caza. El Quincy se detuvo antes de proseguir la persecución, había sentido algo, una presencia como el las calificaba. Aunque poderosamente llamaba su atención, el sonido del rugido de la bestia lo hizo retomar su agitada búsqueda, continúo a gran velocidad persiguiéndole hasta que llegaron al límite. La cordillera que bloqueaba el paso había acorralado a la feroz bestia que ahora se giraba para contemplar con sus ojos amarillos sedientos de sangre a aquel que lo perseguía. De su mascara brotaba la sangre de incontables victimas, su boca aun mascaba a su presa, aquel hombre lo había interrumpido y a pesar de estar furioso algo le incitaba a correr, a huir para jamás volver.

Era aquel hombre, se decía el monstruo pero luego otra voz en su cabeza comenzaba a dudarlo, algo que nunca había experimentado antes parecía un trastorno. Un molesto zumbido que no lo dejaba en paz, el Quincy desenfundo con velocidad, fue un movimiento tan rápido entre desenfundar disparar y volver a enfundar que la bestia tuvo conocimiento de sus heridas cuando yacía agonizante en el suelo. Walter cerró sus ojos, suspiró con un aire cansado y se marchó mientras el cuerpo de aquella bestia se consumía en cenizas. Su próximo destino era incierto, atrapado en un desierto desconocido, todo por su afán de dar caza a aquella bestia.

Walter: No, no era por esa bestia...

El comentario surgió inconscientemente, como cuando un niño reniega en voz alta y sus padres no dudan en indagar con voz de mando. Pero Walter ya era un hombre y poco le importaba lo que los otros pudieran llegar a decir, además en aquel lugar no había nadie. Otro error, Walter lo había sentido, aquella presencia pero intentaba ignorarla. No era miedo, tampoco angustia, mucho menos ansiedad solo quería ignorar a aquella voz que lo llamaba con insistencia.

???: Walter Deschain

El Quincy se giro, demostrando nuevamente su habilidad, esta vez desenfundó ambas pistolas y apuntó con precisión a la altura de la cabeza del sujeto. La capacidad de calculo era impecable de haber apretado el gatillo la sangre hubiese brotado de inmediato y habría otro cadáver en el suelo, pero en su interior algo le detuvo. Era un presentimiento, si disparaba un gran poder le seria negado, prefirió mantenerse en guardia pero aun así no dispararía su cuerpo se lo impedía.

Walter: ¿Quien eres?

Alger: Alger Bitzer, pero muchos me conocen como Su Majestad.

Aquel hombre Alger parecía tener su edad, también era mas bajo que el propio Walter pero al parecer decía la verdad con respecto a su linaje real. Walter sentía que estaba en presencia de otro Quincy, otro de su raza, la cual creyó extinta. El hombre no menciono palabra alguna, ambos parecían analizarse sin intención de iniciar un río de sangre. Walter enfundó nuevamente e hizo una seña para que el hombre continuara.

Alger: He seguido tu pista, aunque eres muy bueno en el sigilo. Hace un mes ayudaste a uno de mis hombres, le devolviste dos dedos de su mano pero no eres un medico. Tu posees un potencial, la letra U muestra su cara.

Walter: Es cierto que ayude a un hombre que fue herido por una de esas bestias, y también es cierto que no soy doctor. No comprendo la letra que dices que soy.

Alger: Eres un Quincy privilegiado, si vienes conmigo obtendrás respuestas. Ven y afronta tu destino.

Walter creía en el destino, ahora veía como su propio camino era atravesado por uno mayor, una organización que había permanecido en las sombras y que parecía surgir de estas. El hombre invocó unas sombras que comenzaron a absorberle para luego invitar a Deschain, este último permaneció por unos minutos en silencio hasta que finalmente siguió a aquel Rey a su palacio. En ese momento, Walter Deschain paso a ser conocido como "The Unknown" o mejor dicho paso a ser un desconocido en un mundo que se movía pero no le afectaba en lo mas mínimo.

BalaceraEditar

Había pasado tiempo, Walter ignoraba cuanto había pasado, aquellas prisiones invisibles del mundo material ya poco le interesaban. Al principio había contado, un año, dos, veinte, cien pero luego se aburrió de seguir contando algo que no lo limitaba en absoluto por lo cual perdió completamente la noción del tiempo. En aquel momento, a Walter solo le preocupaban dos cosas: seguir su camino y obedecer lo que Alger le asignara como una tarea. Se contradecía a menudo, muchas veces amenazando con jamas volver pero a los pocos días llegaba con su tarea cumplida y ansiaba otra orden, quizás en su mente se había formulado la idea de que si renunciaba solo tendría una eternidad de aburridos cambios y ya había presenciado la muerte de muchos ancianos como para volver a hacerlo sin levantar su pistola hacia el horizonte.

Otro día, otra orden. Simplemente ese era el modus operandi de aquel Quincy, aquella soleada mañana de primavera buscaba una orden que le sacara de la rutina. Tampoco era un sanguinario, pero todo hombre necesita entretenerse y su forma de entretenerse era matar, si debía matar a un hollow estaba bien, si debía matar a un traidor era lo mejor. Alger se encontraba donde siempre, al divisar a Deschain simplemente levantó su mirada y sonrió como si lo estuviese esperando, aquel Quincy tenia el aspecto de siempre estar preparado e incluso tener lo necesario para no hacerles perder tiempo a sus subordinados. Era un líder nato, alguien a quien seguir, pero para Walter solo era su superior, aquellos discursos fanáticos se los reservaba a los niños.

Alger: Walter, te buscaba. Aquí tienes.

Walter no se apresuró y miró el sobre blanco que Alger le alcanzaba con plena tranquilidad. Alger tampoco parecía tener prisa en que el hombre lo leyera, cuando finalmente estuvo en posesión de Deschain solo el ruido del papel crujiendo se escuchó en aquel salón, no hubo discusiones ni mas palabras después de que el Quincy leyera aquella nota. Despidiéndose con su habitual despreocupación Walter partió sin mirar atrás, tenia lo que había buscado, y al parecer las cartas estaban de su lado: debía matar a un traidor que se había refugiado cobardemente en el mundo humano.

El mundo era gigantesco y se movía continuamente, cambiando y siempre dejando ver un solo lado de su cara. Esto no era una dificultad para Walter quien si lo deseaba podía contemplar el océano por veinte años sin pestañear, el paso del tiempo no era su problema ni la distancia, el problema era la mortalidad de su objetivo. Claro Walter podía tardarse cuarenta años pero si al llegar solo encontraba una pila de huesos en lugar de un oponente seria una deshonra, no solo para su orgullo si no para su reputación de asesino profesional."Recuerda Walter tu eres el encargado de silenciar a esos que profanan nuestra organización" las palabras retumbaban en sus pensamientos, mientras su mente dibujaba la cara de Alger que miraba con extrema seriedad, era una tarea importante y solo se la confiaba a él por su capacidad.

La nota afortunadamente tenia datos precisos y sin palabras absurdas, era mas bien una ficha técnica del objetivo. Dagobert, así lo conocían, era un Quincy que a pesar de haber estado poco tiempo entre ellos había robado secretos para conspirar en contra de Alger. Para Walter Dagobert era un completo tonto al pensar que podría derrocar a un ejercito como el Wandenreich con tan solo unos seguidores, pero comprendía la razón de fondo: si reúne seguidores pocos quedarían para el Wandenreich y eso no se podía permitir.

Los pasos y el viento guiaron a Deschain a un edificio en una de las ciudades concurridas del mundo humano, los nombres no importaban solo importaba un nombre y ese era Dagobert pero su importancia seria nula cuando Walter diera con él poniendo un punto final a sus ideas conspirativas. Subió las escaleras sin dudar, a cada paso su temple de acero parecía hacerse mas duro, el palillo de su boca apenas se movía y sus ojos celestes parecían atravesar cada pared aunque Walter se limitaba a identificar presencias. Finalmente en el ultimo piso encontró lo que estaba buscando, una presencia mas fuerte de lo usual, no estaba sola, había otros que lo respaldaban. Walter no se anuncio, ingresó con una patada que derribo la puerta y la incrusto al otro lado de la habitación, sobresaltados varios hombres lo rodearon armados de arcos y flechas. Quincys pensó Walter pero en el exterior permanecía mudo e inmutable, analizando con sus ojos hasta que pudo hallarlo, Dagobert era un diamante en bruto sin pulir frente a esos inexpertos que le rodeaban.

Dagobert: Su majestad envía amenazas, no regresare y puedes marcharte si no quieres salir como un queso.

Walter: No vengo a amenazar, mis ordenes son matar. No me importa a cuantos.

Dagobert hizo una seña para que sus hombres se encargaran, pero tres estruendos enmudecieron la sala. Tres disparos, tres hombres caídos, tres cabezas menos. Dagobert pareció despabilarse de repente pero no había visto ni el movimiento de la mano de aquel misterioso hombre, cuando estuvo a punto de levantarse otros dos estruendos retumbaron. Dos hombres menos, en aquella sala habrían veinte hombres contando a Dagobert y ahora cinco yacían en el suelo. El pistolero volvió a enfundar sus armas, para ver la expresión de terror de sus oponentes, miraba a los ojos y todos apartaban su mirada. "Cobardes, pura basura" pensó mientras esperaba a que alguno saltara por la ventana de aquel edificio, no le dejaría escapar, pero sentía que debía dejarlos sentir la adrenalina de intentar una hazaña semejante. No se equivocaba, el mas joven de los presentes comenzó a correr en una dirección contraria a la de Walter y saltó por la ventana rompiendo el vidrio e hiriéndose los brazos, no se hizo esperar el sonido del estallido y esta vez todos voltearon a observar.

Hombres: ¡Le dio! El jodido le arrancó la cabeza.

Pero esta vez el silencio fue mas corto, los hombres se giraron con intenciones de disparar y fue en este momento que una balacera se llevó a cabo. El sonido de las balas se escuchó mas de veinte veces, el salón se llenó de polvo y Dagobert solo podía presenciar aquella escena, aterrado sin poder creer que alguien así pudiese existir.

Dagobert: ¡Esta muerto! Digan que esta muerto ¡Maldición!

Pero ningún hombre respondió, detrás de la humareda se descubrieron las flechas de aquellos Quincys esparcidas por las paredes y el techo. Dagobert lo recordaba, la velocidad que los Quincys podían emplear pero cuyos hombres aun eran muy inmaduros como para aprenderlo y aun mas para seguirlo. Walter había esquivado cada ataque y respondido con dos disparos de cada arma, habrán fallado solo unos pocos. No había margen de error Walter cumplió con lo que había declarado, cada hombre yacía en el suelo, excepto un cadáver que había sido atropellado por un camión en plena avenida al caer desde un piso 21. ¿Pero donde estaba? Dagobert estaba a punto de preguntar cuando sintió el frío acero acariciando la parte posterior de su cabeza.

Walter: Tu vida termina ahora, traidor.

Un ultimo sonido, el inconfundible cañonazo que aquellos revólveres anunciaban con gran eco. Dagobert yacía muerto en su sofá alemán, frente a su cuerpo inerte se encontraban los cadáveres de sus seguidores, sin embargo, nadie recordaba aquel incidente. Nadie en aquella cuadra había oído hablar de un Dagobert ni conoció jamas a ninguno de aquellos hombres. Las autoridades no se molestaron en indagar, sus cuerpos fueron enterrados como desconocidos y nunca se hablo nuevamente de aquel tema. Así actuaba Walter sin dejar rastros, ni siquiera de sus propias victimas.

Ciudad FantasmaEditar

Muchas personas se preguntan como es que los pueblos olvidados, desconocidos para el tiempo actual llegaron a instalarse allí. Para quienes los visitan todo resulta desconocido y extravagante, las viejas estructuras alguna vez habitadas saludan con sus polvorientas puertas a los intrusos y los niños preguntan con interés si alguien pudo haber habitado aquel lugar tan precario, pero nunca saben quien o que vivió allí ya que hasta los mas ancianos suelen desconocer con certeza la pregunta. Walter en cambio si la conoce, de hecho, los pueblos fantasmas en su mayoría son obras suyas, obras violentas y sangrientas, pero suyas al fin y al cabo. Deschain no es alguien melancólico, es muy raro que vuelva al lugar de los hechos a no ser que el mundo le juegue una suerte de broma y lo dirija nuevamente a algún pueblo olvidado a mitad de la nada. Así fue como llego al pueblo de Wiszt un lugar abandonado, dominado por la maleza oscura que sobresalía del césped, los ladrillos blancos poco conservaban de su color manchados por los diversos tonos provenientes de las plantas que trepaban en ellos.

Walter había conocido el lugar hace algún tiempo, cuando todavía los niños se paseaban por los jardines y los adultos trabajan la tierra mientras que los mas ancianos atendían en lo que ahora eran rústicos cuadrados vacíos. Las estructuras de forma rectangular reposaban en la tierra como gigantes dormidos, para los ojos de Walter ya no portaban la gloria que los había caracterizado hacia unas décadas atrás o quizás algunos años mas, su sentido temporal seguía siendo tan malo como de costumbre y aquello no le sorprendía en lo mas mínimo. "El tiempo me desconoce y yo lo ignoro en respuesta" solía decir cuando alguien le criticaba aquel detalle, con sus manos pendientes a sus revólveres, el Quincy seguía avanzando entre los escombros, irónicamente parecía el que portaba la mayor vitalidad del lugar. Deschain llego a un pequeño tumulto que sobresalía de la tierra, no se asombro para nada de ver que frente a este se hallaba una columna inclinada a punto de caer, comenzó a recordar como había matado a cada habitante de aquel lugar solo por ordenes y aquello solo le hacia desear revivir nuevamente aquel instante.

El Quincy prosiguió, enfocándose ahora en su objetivo, según los informantes de Alger unos Hollows se habían adueñado de aquel lugar atacando a incautos que visitaban el lugar. A Walter le importaba poco si había algo de mentira en aquella información, no necesitaba saber demasiado de su objetivo para ir a matar pero a Alger parecía gustarle dar un incentivo extra quizás para que Walter no le ocultara su verdadero potencial. Las estructuras vacías hacían de la tarea un trabajo mas meticuloso y lento, no podía disparar para llamar la atención y tampoco quería caer en una emboscada por parte de las bestias. Su mente le obligaba a mantener su profesionalismo y su cuerpo no discutía aquella orden, manteniéndose tranquilo y con pulso firme a pesar de la evidente exposición que tenía en aquel lugar. Las desventajas eran muchas, estructuras altas, columnas torcidas, bloques enterrados, maleza dominante. Escondites a cada lugar que podía posarse el ojo y Walter se encontraba a merced de bestias que habían vivido en ese territorio toda una vida, aunque el pistolero contaba con una carta a su favor: tenía más experiencia.

Las nubes que se habían presentado desde su llegada comenzaron a acorralar al sol hasta devorarlo y finalmente los truenos anunciaron con su poderosa voz la llegada de la lluvia. El hombre tocó su sombrero sintiendo como este recibía amablemente el agua, hubo silencio, por unos minutos el ruido de las gotas fue lo único que se sintió pero luego un chasquido una rama se había roto unos metros detrás. Un rugido, proveniente del cielo pero que no era un trueno, temblores que parecían acercarse de prisa desde el frente. Finalmente emergían de sus escondites, Walter llevó sus manos hacia sus revólveres y en un parpadeo se encontraba apuntando al frente con ambos, el rápido movimiento hizo que su chaqueta se moviera de forma similar a una capa sacudida por el viento. La primer bestia surgió desde las profundidades del bosque, era una bestia de piel verde con gran musculatura y un tamaño descomunal de casi cuatro metros, su mascara era pequeña en comparación de su cuerpo y esto divirtió de cierta forma a Walter.

Walter: Mientras mas grandes, mas deformes.

La bestia rugió, ya sea por instinto o por entender la provocación y levantó su brazo lentamente antes de dejarlo caer con brusquedad sobre la tierra. El Quincy tuvo tiempo mas que suficiente para agujerear toda la extremidad con potentes disparos y alejarse haciendo uso de su velocidad el peso muerto del brazo bastó para desprenderlo del cuerpo de la bestia que se tambaleó hacia atrás tomando lo restante del brazo con evidente dolor. No se hizo esperar que otra bestia cayera en picada desde el cielo para respaldar a su compañero, pero esto era ya algo muy evidente para Walter quien no dudó un segundo en disparar cuatro veces mas al "Grandote" como le había apodado perforando con una de sus balas el ojo derecho de la bestia que cayó retorciéndose a la tierra. La segunda amenaza, similar a un dinosaurio prehistórico comenzó su persecución arremetiendo a gran velocidad buscando arrancar la cabeza de aquel intruso con solo una mordida. Pero a pesar de sus gloriosos intentos apenas podía seguir la velocidad de aquel hombre que se escabullía frente a sus narices.

Walter: Veo que no te enseñaron a cazar con el cerebro.

El monstruo cambió la ruta de su recorrido pero fue alcanzado por tres de los seis disparos que Walter había ejecutado y debido a que su ala quedo inutilizada por el tamaño de las perforaciones no pudo detener su estruendosa caída contra una de las columnas que se desplomó sobre aquella abominación debido al fuerte impacto. Deschain observó las cenizas, solo quedaban dos, al mirar hacia el costado observó como la bestia gigante aun luchaba para ponerse de pie a pesar de faltarle un cuarto de mascara y un brazo. La bestia de las sombras, aun no quería darse el lujo de presentarse, manteniéndose escondida pero Walter no tenía prisa de encontrarla. Finalmente cuando la bestia volvió a caer la desesperación le ganó al acechante que reveló su ubicación mientras saltaba desde uno de los techos, era una figura extraña con grandes garras y un cuerpo alargado cubierto de pelaje que parecía carecer de piernas. Pero su punto débil era su enorme mascara que abarcaba todo su frente y con dos disparos certeros estalló haciendo que el agua ahora regara el campo con un color rojo.

Walter: Solo queda uno.

Al terminar de pronunciar esta frase sintió un gran estruendo a sus espaldas, la bestia al reconocer que no podría incorporarse se había arrastrado como una serpiente y estaba decidida a aplastar a su rival. Walter no se detuvo a pensar o a girarse, simplemente apuntó hacia el sonido y disparó seis veces, cuando sus ojos llegaron a ver la trayectoria del ultimo disparo que perforó el hombro de la bestia pudo contemplar como un cuerpo que tenia oscuridad donde antiguamente estaba su mascara se desplomaba hacia el costado izquierdo. El colosal enemigo había muerto, quizás ya al tercer disparo, los otros tres se había alojado mas abajo o mas a la derecha según el recorrido de la bestia al caer. El Quincy enfundó, y comenzó a alejarse de aquellas ruinas.

En su recorrido pareció tener una visión de aquellos días en que el lugar era poblado, los niños que jugaban alegres y los padres labrando la tierra. Los animales en sus corrales y los ancianos en sus negocios. Luego las balas, que como la lluvia habían lavado a aquel pueblo de cada habitante, el silencio de un pueblo y la historia desconocida de un hombre. Walter comenzó a volver a la actualidad, pensando en una frase mientras las últimas gotas tocaban el césped. Recordaba solo por el placer de hacerlo, sin sentir pena, lastima o dudas sobre lo que habia tenido que hacer.

Walter: Primero vienen las sonrisas, luego las mentiras. Lo último son las balas.

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