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Shūhei Ichiyoku/Historia

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HistoriaEditar

La tareas habían sido hechas, los documentos estaban completos, las misiones realizadas, la mayoría de los shinigami de la Decimotercera División habían concluido con éxito sus labores habituales ya que llegaba el momento en el cual todos se reunirían en un amplio salón común dentro de los cuarteles de la división. ¿A qué se debía esto?, bueno, era habitual por esos días que el longevo capitán de la división Shūhei Ichiyoku relatara extensas historias sobre los acontecimientos ocurridos en la Sociedad de Almas, como así también los acaecidos en el Mundo de los Vivos y el Hueco Mundo, siempre y cuando se encuentren vinculados a los miembros del actual o el antiguo Gotei 13. Sin embargo, lo que ese día los congregaba con tan grandes expectativas era algo diferente, era bien sabido que el capitán ya estaba bastante entrado en años y no le quedaba mucho para una retiro obligatorio, por lo que había accedido a contar su propia historia y revelar su pasado a los miembros de su división. Esto no era un detalle menor ya que en cualquier momento anterior preguntar acerca de esto al capitán no era más que retórico por la facilidad que el shinigami tenía para evadir el tema. En esta oportunidad, los shinigamis expectantes se reunieron en torno a su capitán para escuchar la ansiada anécdota, cuando en la sala de reuniones se hizo presente un cautivador silencio el shinigami comenzó con su relato.

Shūhei: Bueno, antes que nada quiero advertirles a los presentes que esto será un poco largo... ya estoy algo viejo y puede que me vaya un poco por las ramas además de que hay algunas cosas que ya no recuerdo con claridad (se rasca la cabeza), pero es algo que les prometí así que...

Al ver a sus subordinados atentos a sus palabras lo invitaron a iniciar su monologo.

Ginki Nanashi: La historia del demonio sin nombreEditar

Supongo que muchos de ustedes, en mayor o menor medida conoce su "procedencia", aquel lugar de donde saben que vienen y donde prácticamente su historia personal da inicio. En mi caso eso es un tema algo tétrico debería decir, básicamente por el hecho de que no tengo recuerdo alguno de mi niñez o del comienzo de mi juventud, ni uno solo, nada. No hay absolutamente nada que pueda decirles de mi desde antes de aquel día en el que extrañamente desperté en el Rukongai, de hecho ni siquiera sabría decirles bien en que lugar exacto del Rukongai "aparecí", tal vez se deba a que desde el principio no era la clase de persona que detiene a otros por la calle para preguntarle donde está o quién era realmente más allá de lo confundido que pueda llegar a estar. A pesar de despertar abandonado a mi suerte tenía a mi lado dos cosas que hasta el día de hoy conservo, a lo mejor por ser lo único que estaba conmigo en ese momento por lo que tuve que aferrarme a ello; una katana que no parecía nada particular y una bufanda de tonos azules, sí este harapo que cubre mi cuello tiene bastante tiempo conmigo. Con un andar taciturno camine por el Rukongai de distrito en distrito como un espectro, nunca sabía bien donde me encontraba realmente pues no era de hablar mucho con la gente a no ser que sea para conseguir comida. Lo que en realidad pensaba era que tal vez, solo tal vez, si seguía caminando sin rumbo encontraría algo o incluso alguien podría encontrarme y me diría quién era. Para complicar un poco mi situación días después de despertar comenzaron a ensordecer mis pensamientos dos frases muy contradictorias si debo decirlo, al parecer dichas por dos personas distintas: Consumelo Todo y Conviértete en lo mejor que puedas ser. Intentado librarme del pasado que no conocía pero de alguna forma seguía atosigándome, trate de convertirme en alguien "normal" observé a la gente durante mucho tiempo y sus singulares vidas me parecían realmente aburridas aún así no era tanta la preocupación que su rostros reflejaban pase a vivir casi en la miseria, por lo que me vi algo interesado en aquella extraña forma de ser. Cuando me había dado cuenta mi deseo de "normalidad" se había acrecentado mucho más de lo que esperaba pero para ese entonces había llegado a los distritos más peligrosos del Rukongai, donde la normalidad se regía por la ley del más fuerte. Decidido a finalmente amoldarme a aquella agobiante realidad, me instauré en aquel lugar y comencé mi propia supervivencia, fue entonces cuando caí en cuenta de algo importante, todos los hombres que vivían en aquel lugar eran despiadados asesinos, impetuosos luchadores que intentaban demostrar a quien fuese su valía por medio de sus puños o su habilidad con la espada en todo momento. Tal vez soy el único que piensa de un lugar así un reconfortante y tranquilo hogar, era raro, pero por algún motivo supe que acostumbrarme sería así más fácil. En un sitio así, tener una espada no me convertía en un espadachín, por lo que comencé a entrenar en primera instancia, por mi cuenta, más tarde me enfrentaba a todo aquel que me retara no por la satisfacción barbárica de sentirme más poderoso, sino simplemente para poder mejorar y sobrevivir un día más. Se me daban bien las batallas pero por entonces no era muy distinto de aquellos con un poco más de suerte que pueden sobrevivir en lugar de gran hostilidad como ese, sin embargo, había ocasiones en las cuales no podía enfrentar a mis enemigos ya sea porque me superaban en número o simplemente porque eran más fuertes que yo, era entonces cuando perdía la conciencia en medio de la batalla y cuando despertaba solo me veía rodeado de cadáveres y charcos de sangre por donde sea. No importa como lo veía, la única explicación era que había sido yo el causante de todo aquello, que al parecer algo en mí despertaba cuando no podía enfrentar por mi cuenta a mis enemigos. Me alejaba de donde me encontraba cada vez que pasaba, tal vez por temor, tal vez por vergüenza, no lo sé. Pero como era común, no tardaron en circular rumores sobre un "demonio" que asesinaba sin contemplación alguna, no había nombre para aquel demonio, pero después de todo no lo tenía era un peleador sin nombre que comenzaba a ganarse la fama de demonio. No era como si eso realmente me importara, pero sí había algo que me incomodaba, la presencia de aquello que yacía en mi interior y que lo único que hacía era mostrarme lo débil que podía llegar a ser. Nació en mi el miedo, el miedo a encontrar alguien más fuerte que yo, no por algún mediocre sentimiento de inferioridad, sino porque sabía que si eso pasaba mi otro yo aparecería una vez más; fue debido a esto que mis esfuerzos por desempeñar una excelencia con la espada superaron mis propios intereses, no pensaba en ningún otro fin más que convertirme en el más fuerte solo para evitar perder contra mí una vez más. Ya no me enfrentaba a nadie y no aceptaba ningún desafío, ya no tenía interés en ello y de hecho por lo mucho que había mejorado por mi cuenta para entonces ya no había nadie en aquel distrito que pudiera presentarme siquiera un desafío adecuado. Fue entonces que decidí sellar mi espada, ya no creí necesario tener que volver a usarla, nunca faltaba alguien que no creía en los rumores y no me aceptaba como "demonio" por lo que insistían vanamente con todo tipo de provocaciones hasta que me veía en la obligación de noquearlos, pero para entonces ya no hacía falta una espada, bueno eso fue hasta el momento en el que mi apodo definitivo fue acuñado por primera vez y pase a ser conocido como Ginki Nanashi (銀鬼名無し, Demonio Plateado sin nombre)...

•••

El seco viento movía las hojas de los árboles con lentitud en aquel lugar algo alejado del centro del distrito 15, las pocas casas de ese lugar se ubicaban al pie de un leve colina y podían divisarse en su plenitud con un leve escrutinio desde la cima de la misma. En dicha eminencia, descansaba un joven de cabello argentado reclinado sobre un árbol durmiendo apaciblemente con una espada envuelta en vendas recargada sobre su hombro. El mismo se había ganado el mote de demonio en otras locaciones, pero su fama no había alcanzado esta zona tranquila por lo que podía descansar sin problemas, o eso creía. Lentamente la calma se fue propagando cuando cierto grupo de criminales recorrieron la calle principal de aquella locación. La gente que pareció reconocer de inmediato al grupo se encerró en sus casas esperando que los maleantes se fueran del lugar sin causar escollos. Como guiados por una flecha los criminales, dirigidos por un hombre alto que tenía como principal característica una respingada y saliente nariz, caminaron lentamente rumbo a la colina donde el que era llamado demonio reposaba. Al llegar al lugar se detuvieron frente al muchacho, el remarcado hombre miró a uno de los suyos quien luego de sonreír y asentir confirmó la identidad del joven a su líder. El muchacho al sentirse observado abrió primero uno de sus ojos y observó a todos, seguidamente se enderezó luego de bostezar y despabilarse, y permaneció sin reacción alguna.

Líder del grupo: (hace una modesta reverencia) Saludos joven, he venido hasta aquí porque tengo entendido que eres a quien todos llaman "Demonio" en distritos aledaños a este.

Joven: Seguro... (bosteza) me confunden con alguien más.

Líder: No, no hay error, de hecho fue uno de mis colegas quien te vigiló durante algún tiempo y dio fe de tus habilidades. No querrás decirme que estuvo engañándome.

Joven: Supongo que si viniste hasta aquí algo debes saber de mí, tal vez quieras una pelea, un ajuste de cuentas o algo (se pone de pie ignorando a los criminales y se dirige a su líder en un tono sarcástico), habla con mi secretaria y ella te dará un turno... nos vemos.

Líder: (con una vena marcada en la sien detiene al muchacho) No te vayas aún, todavía estamos conversando... verás soy un importante criminal que controla toda esta zona, permíteme presentarme soy Hana (significa flor y es un nombre popular para mujeres) pero aquí todos me conocen como Tengu (un demonio del folclore japonés caracterizado por tener rasgos de animales y una enorme nariz puntiaguda muy similar a la de este hombre), porque según dicen soy un verdadero demonio. (toma al muchacho por el hombro y le enseña la zona desde la colina) El punto es que nadie puede asesinar en esta zona sin mi consentimiento y a pesar de que todavía no mataste a nadie, creo desde lo más profundo de mi corazón que no pueden haber dos "demonios" en un mismo lugar... (con una lúgubre y desdibujada sonrisa) no te parece?...

Joven: ¿No era más fácil mandar una mensaje diciéndome que me vaya?

Tengu: Oh no no no, no me malentiendas. Mi deseo no es que te vayas... yo tengo que matarte, de lo contrario no podría seguir manteniendo mi apodo me comprendes?. (Con una sonrisa escalofriantemente amable)

Joven: A ver si comprendo... vienes hasta aquí a matarme a pesar de que no he hecho nada, solo porque quieres mantener tu ridículo nombre de mujer?

Tengu: Si algo así... digo NO!!! mi apodo es Tengu!! Tengu!!, Hana es mi nombre... y no es un nombre de mujer!!. Mi santa madre me puso el mismo nombre que mi abuelo...

Joven: Querrás decir el de tu abuela...

Tengu: Ya me sacaste de quicio, ahora te voy a mostrar de lo que soy capaz!

El gran hombre desenvainó su espada y comenzó a agitarla fréneticamente, aunque demostraba un gran dominio de esta no era algo muy razonable para el joven que observaba confundido. De pronto quienes acompañaban a Tengu comenzaron a arrojarle objetos para que este los cortara con su espada mientras los demás aplaudían la gran habilidad de su líder, una escena sobrecargada de patetismo y casi tan bizarra como un acto sacado de algún circo. Esto terminó de cansar al joven que lentamente comenzó a alejarse mientras los demás seguían distraídos con su ridícula demostración.

Joven: (mientras se marcha) Nos vemos después "Hana no Tengu"... (es un juego de palabras, Hana también significa nariz por lo que puede entenderse como una burla hacia el criminal, básicamente "Nariz de Tengu")

Un silencio se produjo luego de tal comentario. Los objetos dejaron de volar hacia Tengu quien parecía haber perdido su mirada en el suelo. Un escalofrío recorrió al mismo tiempo la columna de todos los hombres que acompañaban a aquel criminal que también era conocido como demonio.

Hombre de Tengu 1: (asustado) N-no puede ser, mencionó la nariz del jefe-

Hombre de Tengu 2: (intentando callarlo) Shh Shh no lo digas...

El hombre intentó cubrir su boca, pero fue demasiado tarde, incluso antes de que todos hayan podido girar a verlo, el hombre fue cortado en dos con un tajo diagonal desde el hombro hasta su cadera. A pesar de que no vieron el movimiento, todos sabían que provenía de su jefe, de quien comenzó a emanar una exorbitante presión que hizo temblar a todos en el lugar. Sin dudas eran lo que los shinigami llamaban reiatsu, eran pocas las personas en el Rukongai capaz de dominarlo y quienes lo conseguían de una forma u otra terminaban partiendo al Seireitei para convertirse en shinigami por lo que era realmente raro sentir reiatsu de criminales o asesinos.

Joven: (gira rápidamente) Pero que?...

Tengu: Dijiste algo... (aparece sorpresivamente frente el muchacho que había volteado su mirada hacia atrás) sobre mi nariz?!?!

El hombre golpea al joven quien a pesar de reaccionar justo a tiempo para interceptar la espada de Tengu fue arrojado por la fuerza del golpe desde la base de la colina de vuelta a donde se encontraba en un principio impactando en el árbol en el cual se apoyaba.

Joven: (pensando) Como puede ser que lo haya perdido de vista por completo?... tengo que ser cauteloso... incluso esa presencia, este tipo no es como cualquiera... sin duda es un verdadero demonio.

Tengu: (Una vez más aparece frente al joven) Que pasa niño demonio?? no tienes el coraje para hacerte cargo de tus palabras... o es fuerza lo que en realidad no tienes... (ataca una vez más con su espada)

Joven: (Con ahínco el joven detiene el golpe) (pensando) Si esto continúa...

La batalla se intensificaba el joven a duras penas podía seguir los movimientos de aquel hombre, dificultándose su progreso aún por el hecho de que su espada continuaba sellada por aquel vendaje. El muchacho buscaba alguna apertura por donde atacar, había aprendido muy bien a lidiar con oponentes así y había adquirido mucha experiencia, sin embargo, el formidable oponente que tenía frente a él no le daba respiro, atacaba incesantemente sin mediaciones, peleaba por instinto con inalienable frenesí, exactamente como había escuchado peleaba él cuando perdía la conciencia y su "otro yo" afloraba.

Tengu: Todavía planeas solo seguir defendiéndote? y peor aún con una espada cubierta como esa jaja... puede que seas un demonio pero sin tu espada solo eres como un tigre sin sus garras.

El joven comenzaba a cansarse aunque su enemigo no parecía agotarse en lo absoluto. En ese momento vio una oportunidad, una apertura y decidió atacar, pero se dio cuenta que tenía un gran corte en el muslo. No podía flexionar la pierna, por lo que moverse era inútil. Tengu se percató de esto y se burló una vez más. Al muchacho solo le quedaba permanecer en su lugar y tratar de reaccionar instantes antes de ser golpeado por Tengu, lo cual solo hacía próximo su final. Una inoportuna finta del criminal creó un hueco en la defensa del joven que fue cortado, aunque superficialmente, en el abdomen.

Tengu: Parece que es el final eh... bien dime tu nombre, quiero saber el nombre del demonio al cual el gran Tengu asesinó...

Joven: (cae de rodillas y se sujeta por su espada mientras presiona su herida) N-no tengo... no tengo nombre...

Tengu: Un sin nombre eh.. jajaja... bueno supongo que tengo el derecho a ponerte un nombre... después de todo fui yo quien te derrotó... veamos... que te parece Ginki Nanashi? suena bien no?... jaja... incluso combina con el color de tu cabello, que más puedes pedir.

Tengu da un guadañazo más con su espada, pero con lo último de sus fuerzas el joven detiene su golpe con su espada, la cual al verse rasgada la venda que la cubría, la saya comienza a deslizarse lentamente, cayendo al mismo tiempo que dejaba desnudo el filo de su espada.

Nanashi: (Entre la conciencia y la inconsciencia) Una vez más voy a ser derrotado por mí mismo... el demonio en mi interior... tal vez es quien soy realmente... No...

En un rápido movimiento el muchacho sacude su espada haciendo que la saya que se deslizaba salga despedida contra Tengu quien instintivamente la evade, aprovechando esta distracción el muchacho realiza un corte a lo largo del brazo y antebrazo de Hana quien retrocede algunos pasos.

Nanashi: (se pone de pie con algunas dificultades) Lo siento... pero el demonio que estás buscando no se presentará hoy... en su lugar puedes enfrentarte a mi.

Tengu: Que palabras tan inspiradoras... donde hay un papel y lápiz cuando uno lo necesita jajaja. Bien Ginki Nanashi, enséñame de lo que eres capaz.

Tengu arremetió con una estocada contra el joven quien en respuesta solo levantó la espada junto con su brazo esperando el momento oportuno. Cuando Tengu dirigió su espada hacia la cabeza del joven se lanzó como una saeta imparable, pero entonces con un mandoble descendente de la espada de Nanashi, la espada de Tengu fue literalmente destrozada, y mientras fragmentos de la misma aún se encontraban casi "suspendidos" en el aire, el joven hizo descender una vez más su espada más esta vez se frenó justo por encima de la frente de Tengu, quien cayó al piso asustado mientras sus rodillas no dejaban de temblar luego de presenciar tan escalofriante poder. Luego de unos cuantos segundos de shock, el joven hizo un gesto con la cabeza indicándole a Tengu que se vaya, que sin dudarlo un segundo, salió huyendo despavorido. Al ver a su jefe huir humillado, los hombres que acompañaban a Tengu no tardaron en seguirlo, mientras gritaban a voces que el hombre más fuerte del distrito oeste había sido derrotado por Ginki Nanashi.

El joven volvió a envolver su espada en las vendas que ya esta tenía y con gran dificultad se marchó del lugar.


DueloEditar

La monótona rutina se hacía pragmática en el distrito 3 del Rukongai, era este pues uno de los más tranquilos por aquellos momentos. La gente circulaba con notorio sosiego en una discernible normalidad, pese a ser conscientes de la presencia de un famoso "asesino", el hombre conocido como demonio Ginki Nanashi convivía con ellos con suma naturalidad. Pese a que en un principio, los acrecentados rumores sobre su incipiente crueldad y locura se hicieron eco en la zona, y la exagerada historia de como derrotó a Tengu el criminal antes conocido como demonio y a otros rivales de igual o mayor estima propia le dieron un renombre no muy querido entre los habitantes del Rukongai, el sentimiento hacia ese muchacho había cambiado rotundamente. Las historias que relataban sobre él comenzaron a mermar junto con las hacías de cualquiera por enfrentarse a él, y por lo general eran pocos los criminales que querían coincidir con él en su "territorio", por lo que de un momento al otro había pasado de ser sinónimo de muerte a representar la calma donde sea que vaya, llegando incluso a ganarse cierta estima de las personas del Rukongai. Era así como la seguridad de tener un "demonio" cerca multiplicaban los aires de tranquilidad en la zona.

Hombre: Oi... oi! Ginki Nanashi-san, o debería decir sama?... Nanashi-dono... Ginki-kun... puedes escucharme? Hoola!!... acaso habrá muerto?

El muchacho de cabello plateado se encontraba recostado como era habitual en una de las chozas de la calle principal del distrito, solo estaba descansando e intentaba ignorar la molesta voz de este hombre, hasta que este comenzó a estorbar su frente para "despertarlo" logrando así que dos venas superficiales surquen estrepitosamente las sienes del joven.

Nanashi: (responde molesto aún con los ojos cerrados) Soy una de las muchas personas que puede escuchar con los oídos, aunque no este viéndote.

Hombre: Ah que bueno estás despierto, por un momento creí que habías muerto... (hablando solo casi como contradiciéndose a sí mismo) bueno sería algo ridículo que alguien como tú pudiera morir de esa forma... como sea.

Nanashi: ¿Qué es lo que se te ofrece?

Hombre: Ah, bueno, tengo cierta curiosidad. Vine para saber si todos los atroces rumores sobre ti son reales... también los buenos claro. Por cierto, ¿no quieres que te diga mi nombre?

Nanashi: Si de verdad me interesara te lo hubiera preguntado. Y respecto a los rumores, bien, este distrito es bastante grande y hay mucha gente, puedes preguntarle a cada una de las personas que viven aquí si lo deseas, estoy seguro que cada una tendrá una versión para contarte, pero no seas exigente, tómate tu tiempo y elige la que más te guste.

Hombre: Jaja es una buena idea, pero supongo que sería algo agotador no? y también un poco tedioso. En realidad estaba aburrido y pensaba que podrías demostrarme lo que puedes hacer con un enfrentamiento, claro si no te importa.

Nanashi: Si estás aburrido puedes regresar por donde viniste, escuché que el Seireitei es un lugar bastante divertido... shinigami.

Hombre: (sonríe) Vaya parece que eres incluso mejor de lo que todos dicen. Y Supongo que disfrazarme así no sirvió de nada.

Nanashi: Es depende de quien lo vea, pero supongo que para ti no debe ser nada nuevo, después de todo... (abre los ojos y mira al shinigami) llevas bastante tiempo vigilándome no es así?

Shinigami: Al parecer no me equivoqué para nada contigo jaja. Bueno llegado a este punto me presentaré de todas formas, soy Miyano Seishirō el capitán de la Decimotercera División del Gotei 13. (extiende su mano invitando al joven a estrecharla, al no tener respuesta simplemente la retrae) Vaya si suena largo después de todo jaja.

Nanashi: Capitán?

Seishirō: Si, quiere decir que soy una de las 13 personas más poderosas del Seireitei que dirijo un escuadrón entre otras cosas, pero supongo que no tiene caso aclarar mis extensiones jerárquicas contigo, no?

Nanashi: ¿A qué viene hasta un lugar como este un capitán?

Seishirō: Bueno, reclutamiento supongo (sonríe).

Nanashi: ¿Cómo se dice no en shinigami?

Seishirō: Vaya si que eres alguien muy confiado de sí mismo, ¿qué te hizo pensar que vine a reclutarte? jajaja.

Nanashi: Lo leí en mi horóscopo.

Seishirō: Que duro eres jaja. Aún así no es como si tuvieras opción, después de todo... no vine a hacerte una propuesta tan pacífica como te lo imaginas. (aunque manteniendo la sonrisa amable que poseía, su expresión cambió y sus ojos dibujaron una cortante severidad)

Seishirō: Verás, aunque no lo creas, parte de la labor del Seireitei es mantener cierto equilibrio relativo de criminalidad en los distritos pacíficos del Rukongai como este. No es que pretenda tratarte como un criminal, pero digamos que no es muy sabio dejar que un "Demonio" ande suelto, si me entiendes?. Básicamente mi propuesta es reclutarte como shinigami, bueno primero deberías pasar por la academia y demás, o en caso de negarte... tendré que asesinarte (una vez más la anterior expresión severa invadió su rostro).

Nanashi: (con un tono sumamente sarcástico) Haces que me sienta tan encantado con una proposición así.

Seishirō: Entiende que no es nada personal.

Nanashi: (aún sarcástico) No, claro que no.

Seishirō: Es simplemente que no puedo permitir que alguien como tu ande suelto. Es una cuestión de, llamemoslo... justicia.

Nanashi: (se pone de pie) ¿De verdad pretendes llenarte la boca de "justicia" después de vagar por un lugar como este y ver la inescrutable miseria que ahoga a esta gente?

Seishirō: No creí que fueras tan idealista a decir verdad. Pero viéndolo de otro punto, si quieres cambiar las cosas, no esperes que alguien más lo haga por tí, levántate de tu estúpida mediocridad y haz algo al respecto. Te estoy dando esa posibilidad, claro está en tí el aceptarla o no.

Nanashi: Te encanta que te digan que no, no es así?.

Seishirō: Si, junto con la pintura y la poesía diría que es uno de mis más grandes pasatiempos, gracias por el interés. (sonríe de forma sarcástica)

Nanashi: Entonces imagino que no te importará seguir hablando solo, como te dije no tengo interés alguno en pelear contigo. (insinúa retirarse)

Seishirō: Alto!, como ya te dije lo mío no radica en un interés, no quiero pelear contigo tampoco. De hecho, creo que es "erradicar" la palabra que debería usar... (desenvaina su espada)

Nanashi: ¡¿De verdad piensa empezar una pelea en un lugar así?!

A lo que el joven se refería era que ambos se encontraban en medio de una de las calles principales del distrito, la cual era muy concurrida incluso durante su conversación. Incluso para una pelea con un demonio, el daño colateral y la cantidad de personas que podrían interponerse era preocupante. Aún así el capitán shinigami sonrió al encontrar una rápida solución para esto. Sin esperarlo, el joven fue golpeado en el cuello por una golpe de guillotina de parte del brazo del shinigami, enviándolo sólo por el impacto a la parte más despoblada del distrito.

Tal vez haya sido el golpe lo que hizo entrar en razón al muchacho demonio, ese hombre no era en lo absoluto siquiera parecido a todos los que había enfrentado hasta ahora, incluso decir que éste se encontraba a un nivel completamente diferente no era suficiente para expresar el poder de ese hombre. El viento soplaba suavemente desde el sur cuando Nanashi se repuso de aquel golpe, podía sentirlo en su nuca, el brillo del sol era cálido y podía sentirlo levemente sobre la piel. Mientras desataba los vendajes de su espada, aquella calma le recordaba al día en el cual apareció en el Rukongai, ya no recordaba en que parte de aquel basto lugar había sido, pero este día sería distinto. El shinigami se aproximaba caminando muy tranquilamente cuando el joven había terminado de desenvainar su espada.

Seishirō: (hace un gesto con las manos como si esperara que lluvia cayera sobre ellas) De verdad?... no hay nada?!... sinceramente esperaba que tengas un reiatsu realmente "demoníaco", bueno supuse que esa espada que traías era una Zanpaku-tō. Ahora veo que estaba equivocado después de todo.

Nanashi se coloca en guardia y observa fijamente a su oponente para tratar de dilucidar cual será su primer movimiento. Sin embargo, el capitán apareció repentinamente junto a él mirando hacia el lado opuesto y con un golpe seco con el guardamanos de su katana golpea al joven en su brazo.

Nanashi: (sujetando su brazo izquierdo se da cuenta que éste se encuentra roto y su hombro estaba fuera de lugar) Ugh... (con dificultad golpea su hombro contra el suelo retornándolo a su sitio)

Seishirō: ¿De verdad pensaste que esta sería un "batalla"?. Si por un momento te convenciste de que podríamos llegar a luchar a la par y yo probaría cada una de tus habilidades para luego felicitarte y dejarte ir, déjame decirte que estás más que equivocado. Esto no es una batalla, yo simplemente voy a matarte, era el trato no?

La sorpresa podía vislumbrarse en los ojos del joven. Era la primera vez que alguien le hablaba de esa forma y estaba más que seguro que aquel hombre no bromeaba al respecto. Con empeño Nanashi intentó aprovechar de su velocidad para sorprender al shinigami, sin embargo, no era como esperaba, no había forma de tomarlo por sorpresa, era prácticamente como si la mente del joven estuviera siendo leída a cada momento por el hombre que incluso siendo atacado por la espalda, podía responder favorablemente sin siquiera voltear. Nanashi atacaba sin cesar desde todos los ángulos posibles, no obstante, cada vez que sus espadas chocaban era el capitán quien imponía su fuerza y podía cortar con facilidad al joven. Con cada segundo que pasaba más y más heridas aparecían en el cuerpo del muchacho, no era como si Seishirō no intentara matarlo de una vez, simplemente lo estaba haciendo muy lentamente.

Nanashi: (Se detiene por unos instantes para recuperar el aliento mientras mira al inmutable capitán shinigami. Una cortina carmesí parece borronear la visión su ojo izquierdo) En cierta forma es divertido... incluso si tengo que morir de esta forma. (se limpia la sangre que cubre su ojo izquierdo)

Seishirō: No tiene por qué ser de esta forma, aún podemos llegar a un acuerdo solo tienes que-

El discurso del capitán fue interrumpido por la espada de Nanashi golpeando la suya. El capitán cerró los ojos con desazón, suspiró y finalmente comenzó a moverse. La indescriptible velocidad del shinigami solo hacía que el joven riera. Golpes, cortes, incluso algunos extraños disparos de energía, eran los únicos métodos que tenía el joven para explicar que estaba siendo atacado por alguien, ya que en ningún momento consiguió seguir los movimientos del shinigami hasta que este finalmente se detuvo. Seishirō caminó una vez más hacia el joven que permanecía de pie por inercia mientras temblaba como una hoja al viento, luego de decir unas palabras que para el joven parecían oírse a lo lejos, el shinigami desapareció una vez más. Nanashi soltó su espada la cual al caer se clavó en el suelo y después de unos moribundos resoplidos, divisó en su mente la silueta del shinigami apareciendo frente a él. Nanashi extendió su mano y luego de una agudo dolor en ella una sonrisa decoró su ensangrentado rostro. El capitán sonrió de igual modo, realmente era indescriptible pero justo en el último momento el joven había conseguido detener el golpe de gracia del shinigami con su mano.

Nanashi: (sonríe y habla con gran dificultad) L-lo vi... p-p-por fin vi tus m-mo-movimientos... ya podemos... ya podemos empezar a pelear en serio...

El capitán se sorprendió por las palabras casi inconscientes del muchacho y entendió que ya no podía jugar con él, después de que este arriesgara su vida sólo para tener la satisfacción de haber detenido un golpe.

Seishirō: Supongo que ya terminó el calentamiento... te voy a mostrar el verdadero poder de un shinigami. (retrocede y comienza a liberar un aplastante reiatsu) Supongo que tendré que dar explicaciones por esto pero bueno... es algo que hay que hacer. Verás las espadas de los shinigami se llaman zanpaku-tō y son la representación del alma de sus portadores, ellas contienen nuestro poder, básicamente traducen nuestras almas en un poder único que puede ser liberado a conciencia. Te ganaste mi respeto así que voy a matarte usando mi liberación... mi shikai.

Un gran vendaval de energía se liberó de la espada del shinigami después que este dijo una palabras que Nanashi no fue capaz de comprender, disuelto dicho halo aterrador, la katana del capitán parecía remodelada; su curvatura había desaparecido siendo ésta ahora una hoja recta sin guarda con un atractivo color violáceo. Nanashi volvió a sentir el viento acariciar su cuello, el sol calentando ligeramente su piel, pero a diferencia del principio de la batalla ahora podía escuchar la borboteante sangre brotar de sus heridas y caer en forma de pequeñas gotas al suelo, al unísono con las iguales gotas de sudor frío que recorrían su cuerpo hasta culminar en el suelo. El esfuerzo que empeñaba en mantenerse de pie ahora era empleado para intentar controlar todo su cuerpo que temblaba de tal manera que parecía tambalearse sin control. El temblor por el miedo hacia el irreconocible aterrador poder del capitán y el temblor por la severa condición de sus heridas se habían hecho uno, generando un peculiar sonido de tintineo del metal de su espada rosando sus fríos y espasmódicos dedos. La inescrupulosa inconsciencia que lentamente estaba devorando a Nanashi había desaparecido por completo por la presencia de aquel poder, parecía como si hubiera sido despertado de algún mal sueño sólo para tener una pesadilla. Aún sin comprenderlo del todo, Nanashi vio como el capitán apuntó su espada hacia él y luego dibujo una delgada línea con ella frente a sí mismo, de la permanencia de dicha línea, dos espadas aparecieron de la nada y después de un ligero movimiento de manos, el shinigami las envió hacia el muchacho. Con una increíble velocidad, ambas espadas recorrieron la gran distancia que separaba a ambos en cuestiones de segundos. Por instinto, Nanashi tomó su espada y se defendió con ella de ambas espadas que al mismo tiempo parecían querer atravesar la línea media de su cuerpo. Luego de ser arrastrado varios metros Nanashi comprendió que eso no fue un ataque con intensión de matarlo, sino que sólo se trataba de un ataque intimidatorio; y vaya si funcionó. Más allá de la gran velocidad con la que las espadas eran arrojadas poseían un punto aún más aterrador, y eso era su enorme poder de impacto. Cualquiera comprendería desde el primer momento que un impacto directo de esas espadas solo produciría ser atravesado y terminar lleno de agujeros como un queso.

Seishirō: Sabes, yo también tenía un apodo en el Seireitei, creo que era "Cien Filos" o algo así... es algo exagerado si debo decirlo, porque... hace mucho que no llego al límite de las cien espadas...

Antes de poder comprender el significado de estas palabras, un punzante dolor recorrió la mente de Nanashi que contemplaba como una gran cantidad de espadas aparecía alrededor del capitán como dibujando un arco en su contorno. El joven cerró sus ojos y sintió el impacto, a pesar de que haber sentido que su cuerpo era completamente atravesado, solo su brazo derecho, pierna izquierda y muslo derecho habían sido alcanzado por las espadas, más allá de otros cortes superficiales. Para Nanashi pareció eterno el momento del impacto y el momento en el cual el dolor aparecía lentamente borrando su conciencia. El joven se dejó caer casi en cámara lenta luego de tan terrible daño producido durante toda la batalla. El capitán se dispuso a marcharse mientras el muchacho aun parecía caer sin un final. Pero entonces, antes de tocar el suelo, el cuerpo del joven repentinamente desapareció. El capitán sintió una presencia y rápidamente se volteó logrando bloquear el golpe del joven... no, no era el mismo muchacho malherido que momentos atrás se estaba enfrentando a él, pero no podía decirlo ya que no podía ver su rostro.

Seishirō: Quién eres?... no puedes ser el mismo que estaba peleando hasta recién.

Nanashi despareció. Su velocidad era muy distinta a la que antes el joven poseía, a pesar de esto el capitán podía seguir sus movimientos. Con un frenético deseo de sangre, el joven comenzó a atacar sin mediaciones al capitán. El muchacho que momentos antes había sido inmovilizado por el ataque del shinigami ahora atacaba con una errática voracidad a pesar de que cada uno de sus movimientos podían ser interceptados por Seishirō.

Seishirō: (pensando) Qué es lo que le ocurre, sigo sin sentir reiatsu viniendo de él por lo que puede tratarse de Ginki Nanashi, sin embargo, parece... parece como si quisiera devorar mi alma con su espada. Parece un verdadero demonio...

Seishirō decidido a terminar con el combate dibujo un círculo en el aire y luego lo redibujo otras 3 veces más, entonces una serie de espadas aparecieron alrededor de la suya y se vincularon para formar una especie de espada de casi dos metros compuesta por las hojas de las espadas recién formadas. Con un sagaz movimiento hizo un corte que atravesó absolutamente todo a su paso, arboles, rocas, incluso fue capaz de rajar la base de una colina circundante. Pero la criatura que lo atacaba, por poco consiguió esquivar el golpe, por lo que el capitán comenzó a arrojarle todas las espadas que había formado momentos antes como distracción. El joven las evitó, pero entonces el capitán apareció frente a él e intentó derrotarlo con su espada, aunque para sorpresa del shinigami, una vez más este había conseguido parar la espada con su mano. Fue entonces cuando Seishirō fue capaz de ver el rostro del muchacho, tenía en él una maníaca sonrisa y unos ojos teñidos en sangre. La criatura intentó golpear al capitán cautivo, pero este usando shunpo se libró del mismo.

Seishirō: Parece que sí eres un demonio después de todo... me caías mejor cuando por lo menor hablabas. Supongo que ahora me va a resultar más fácil matarte.

Seishirō arrojó desde su mano un poderoso rayo de luz dorado, un famoso Kidō entre los shinigami, con relativa facilidad el muchacho evadió el ataque y aprovechó la apertura para dirigirse hacia el capitán. Sin embargo, se dio cuenta que el shinigami tenía levantada su mano libre apuntando al cielo, todo se oscureció de repente por lo que inevitablemente el joven miró hacia arriba. Docenas de espadas se encontraban flotando en el aire encima del muchacho opacando incluso la luz del sol. Después de un súbito movimiento del capitán, todas las espadas descendieron al mismo tiempo sobre el demonio sin nombre.

•••

Nanashi: (despierta confundido) Aaah... que pasó?...

Seishirō: (bosteza) Es algo... como decirlo... complicado... jaja.

Nanashi consigue ver a su alrededor y lo que observa es el campo completamente lleno de espadas clavadas al suelo por todas partes, sin importar hacia donde dirija la mirada. Lo peor no era eso, sino que él mismo estaba "estacado" al piso por medio de cinco grandes columnas de hierro que presionaban su cuerpo e impedían que se mueva.

Nanashi: Que fue lo que pasó?!

Seishirō: Te convertiste en un maldito maníaco barbárico y tuve que detenerte. Si que estás lleno de sorpresas jajaja.

Nanashi: Y cómo es que lo dices tan a la ligera?!?!?!?!

Seishirō: Jajajajaja.

Nanashi: Qué no ibas a matarme?

Seishirō: Bueno, no debería decirte esto pero... prometí que si sobrevivías después de esto te llevaría al Seireitei y te convertiría en shinigami. Y como siempre cumplo con mis promesas, voy a llevarte conmigo.

Nanashi: Y qué te hace pensar que voy a acceder tan fácil?!

Seishirō: Perdiste, así que básicamente no puedes reclamar nada jajajaja. Oye oye tengo una pregunta que hacerte... como se te ocurrió ponerte ese apodo??... bueno, yo presencie el motivo, pero es un mote particular no, es casi como ponerle de nombre "mascota" a tu perro. Yo en tu lugar hubiera preferido ponerme un nombre antes que un apodo tan obvio no? jajaja.

Nanashi: No es algo que yo haya elegido. Un estúpido que creyó que me derrotó me puso ese nombre, y la gente me conoce de esa forma desde entonces...

Seishirō: Bueno, entonces yo voy a ponerte un nombre.

Nanashi: Y eso se debe a...?

Seishirō: Soy el actual estúpido que te derrotó no?... además ahora vas a convertirte en un shinigami y seria un problema que no tengas siquiera un nombre. Veamos... que te parece Shūhei Ichiyoku?

Nanashi: En serio tengo cara de Shūhei? o acaso tienes otro motivo tonto para darme ese nombre?

Seishirō: Fue el nombre de mi primer maestro.

Nanashi: Y acaso hay algo en mi que te recuerde a tu maestro?

Seishirō: No precisamente, pero supongo que es una manera de honrar su nombre y su memoria.

Nanashi: Y como se supone que ponerme su nombre lo honre??

Seishirō: No lo se, llevas su nombre así que averiguarlo es tu trabajo a partir de ahora... Shūhei (sonríe).

Shūhei: En serio eres muy molesto.

Gotei 13Editar

Básicamente esa es la forma en el que, me vi "obligado" a convertirme en shinigami, les parecerá exagerado pero ese tipo de verdad me dio una paliza jaja, es algo que no puedo olvidar, y supongo que hasta el día de hoy nadie pudo darme una lección como el anterior capitán de esta división. Lo que vino después no es algo que recuerde con detalle, se preguntarán si fui a la Academia Shinigami y demás, sí lo hice. Más allá de lo fuerte que haya sido en el Rukongai y la leyenda que haya podido forjar, en el Seireitei era uno más, no era más fuerte que nadie y de hecho todos los que compartían clases conmigo eran igual de fuertes. No era nadie importante para entonces en pocas palabras. Mi pasaje por la academia... no creo ser capaz de recordarla, después de todo no era muy apegado a mis maestros ni tampoco tenía compañeros cercanos o alguien que pudiera llamar "amigo", sí recuerdo que compartí clases con varios de mis futuros compañeros del Gotei 13 entre capitanes y tenientes, pero mi relación con ellos no prosperó hasta mi introducción formal a los 13 escuadrones. Sin relaciones cercanas, mi época de estudiante solo fue un montón de aburridas lecciones sobre como ser shinigami, nada muy distinto a lo que cualquiera de los presentes sabe. De hecho no era alguien que destacaba mucho ni siquiera por mis notas, prefería empeñarme en aprender lo que yo consideraba importante, independientemente de mi desempeño académico. Terminado mi ciclo como estudiante fui enviado a la Segunda División, como ya les había dicho mis notas no eran muy buenas por lo que no pude elegir a que división pertenecer. Debo decir que mi estadía en esa división no fue muy placentera, sobre todo porque me encontré con alguien que había conocido en la academia pero se había graduado antes que yo con mucho mejores notas; para mi infortunio fui a dar a una división que ya contenía a un "Demonio". Yo era Sexto Oficial por entonces y debía convivir con el "Demonio amante de los gatos"...

Shūhei: Aquí están los reportes de hoy, te los dejo a ti porque el Capitán está ocupado y el Teniente no está.

???: Disculpa, ¿acaso te di autorización para entrar a mi oficina?

Shūhei: (observando a su alrededor la "oficina" de la tercer oficial Alana Furukawa, que no era más que su habitación personal, sale de la habitación y abre un agujero a golpes en la puerta) Con permiso... Aquí están los reportes de hoy, te los dejo a ti porq-

Alana: QUÉ ES LO QUE HACES?!?!

Shūhei: Anunciándome...

Alana: Voy a abrir un agujero en tu cabeza!!

Shūhei: Como quieras, solo no vayas a perder los reportes.

Alana: No quiero esos papeles, llévatelos.

Shūhei: Ya te dije que no hay nadie más que pueda recibirlos, además estuve todo el día completándolos.

Alana: ¿Desde cuándo eres tan diligente?

Shūhei: Desde que el capitán me dijo que si trabajaba duro me daría una recomendación para transferirme a cualquier división que desee.

Alana: ¿Estás hablando en serio? Esta es una de las mejores divisiones del Gotei 13, solo un idiota pensaría en abandonarla... aunque pensándolo bien, es tu caso, así que estaría justificado jaja. ¿Y por qué deseas irte? ¿No soportas el hecho de trabajar con alguien tan capaz como yo?

Shūhei: Si, es exactamente eso... no te soporto.

Alana: (le arroja una sarten a la cara) ¿Alguna otra cosa que quieras decir?

Shūhei: Me gustaría saber de donde sacas todas esas cosas...

Alana: No entiendo como el Capitán puede dar referencias sobre alguien como tu. El día que yo sea capitana no voy a permitir que perdedores como tu estén en una división bajo mis órdenes, o tal vez, solo tal vez algún día me convierta en Capitana Comandante del Gotei 13 (un brillo fantasioso comenzaba a verse en sus ojos) y voy llenar el Seireitei de gatos, lindos gatos... negros, blancos, pardos, de todo tipo, hasta tener mi propio ejercito con el que pueda controlar todo el Seireitei y-

Shūhei: Despierta gata megalómana!!

Alana: No deberías atreverte a interrumpirme idiota. Incluso un gato seria mucho más útil que tu. Además, si llegara el día en que yo me convierta en Capitana Comandante seguro te obligaría a hacer algo aburrido como vigilar el Mundo de los Vivos como los miembros de la Decimotercera División.

Shūhei: Como si fuera a pasar...

Alana: Es mi sueño, no tienes por qué entenderlo... además, ya no necesito nada Sexto Oficial, puedes dejar a tu superior tranquila (haciéndole un gesto con el dorso de su mano para que se fuera) vete vete...

Shūhei: (murmura mientras se marcha) Ignórala... ya falta poco... pronto te vas a ir...

Alana: ¿Dijiste algo?... Sexto Oficial...

Shūhei: Si, que voy a trabajar más duro desde ahora...

Alana: Que bueno, así me gusta. Esta división necesita más gente colaboradora como tu, para la próxima tráeme un poco de atún. Bye Bye

Shūhei: (una vena palpita en su frente) Uno de estos días voy a asesinarla...

Alana: Perdón no lo escuche... podrías repetirlo...

Shūhei: (se da vuelta) Si, dije que voy a tratar de ser más diligente desde ahora para ganarme esa transferencia... antes de matarte.

Alana: Oh... (un aura maléfica se desprende de su persona) y que te hace pensar que puedes matarme Sexto-kun?...

Shūhei: (De la misma forma una terrorífica aura lo rodea) Convicción personal...

Un enorme disturbio proveniente de la "oficina" de la Tercer Oficial aplacó la frecuente calma de la Segunda División, bueno, esa fue la disputa de ese día después de todo era algo bastante frecuente.

Shinigami: Capitán!! Furukawa e Ichiyoku están peleando... de nuevo...

Luego de mi "supervivencia" a la Segunda División tuve un corto paso por otras divisiones, fui Quinto Oficial en la sexta, Cuarto en la novena y finalmente me trasfirieron aquí a la Decimotercera. Fui Tercer Oficial exactamente dos semanas... el capitán se enteró que el "demonio" que antes había enfrentado se hizo miembro de su división y como para entonces no tenía teniente me ofreció el puesto, lo cual naturalmente rechacé... ¿Qué? ¿No es natural?... bueno no importa, lo rechacé durante dos semanas porque no tenía interés de llegar a un puesto tan alto, pretendí estancarme en el puesto de Tercer Oficial por la mayor cantidad de tiempo posible, pero el capitán... bueno, era bastante insistente...

¿Verde?... Verde es la envidia y el cabello de ese muchacho... MuchachaEditar

Promesa IncumplidaEditar

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