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Rohan Buonarroti/Historia

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El Desierto que AguardaEditar

Otra noche, pero quizás era parte de la misma ilusión que ocurría a cada minuto. No había día y tampoco noche, aquel sitio era un estado de oscuridad constante que nunca mostraba cambios, a Rohan le aburría ver siempre el mismo paisaje, el mismo cielo sin estrellas y la misma soledad de siempre. Lo peor era el desierto, el frío que sus huesos sentían al andar o quedarse quieto, la arena que siempre molestaba metiéndose entre los pliegues de sus ropajes o simplemente ocultando filosas piedras de la vista que lo hacían tropezar y caer de lleno en el mar blanco. Su piel no se había cuajado, ciertamente no era un humano pero prefería mil veces volver a atrás, a esa forma humanoide de sapo que poco sentía los efectos adversos del clima ni tenia tanta consciencia para preocuparse por el clima hostil o la falta de alimentos.

Todo había sucedido muy rápido, en un segundo estaba devorando a otro que se había enfrentado por la misma presa. Al siguiente un dolor ardiente lo invadió desde el interior, le dolía la mascara, se sentía asfixiado debía quitársela, pero aquello simbolizaría la muerte o todos parecían seguir el mismo camino. Tras tanto comer como un Adjuchas Rohan había creído llegar al limite de su evolución cuando su forma de reptil fue reemplazada por una figura humanoide de extremidades bajas y con un brazo que parecía mutar en una cuchilla filosa en su extremo, su piel gris ahora no era de huesos y su mascara apenas parecía tal, si no mas bien un casco blanco que lograba mostrar su piel alrededor de los ojos. Pero ahora, el dolor, la desesperación y el sufrimiento le indicaban que había llegado el momento de volver a mutar, no sabia si perdería sus poderes, no tenia a ningún compañero, se había internado en las profundidades de aquel desierto desde que tenia memoria y nunca había visto a alguien que alcanzara una forma similar. Estaba solo, indeciso y ese dolor que no se podía detener por nada del mundo, Rohan no pudo dudar otro instante tomó su decisión al tiempo que llevaba su garra izquierda a la mascara de hueso y la arrancaba.

Y ahora, allí se encontraba, cubierto por harapos, deforme y esforzándose por no enredarse entre las pieles que usaba como mantas. Se detuvo al borde de una pendiente, observó a su alrededor, no había visto vida en meses y ahora estaba frente a lo que parecía un ser similar. La figura se movió rápidamente a espaldas del enano, no fue un movimiento sigiloso, el sonido que aquella técnica había producido le bastó a Rohan para saber que su compañero estaba detrás seguramente con su arma preparada para matarlo ante cualquier movimiento. ¿Pero que sentido tenia aquello? Matarlo para obtener poder, eso era lo mas lógico que se le venia a la mente, si era que existía otra evolución mas avanzada que el volver a sentirse humano. No hizo ningún movimiento, los ojos verdes de Rohan se posaron en el cielo, luego en la arena que se movía por el molesto viento. Al no sentir nada, ni siquiera un corte o una advertencia se giró para ver a su similar. Era un joven de ojos celestes, cabello rojo y prendas blancas, alguien que nunca había visto en su vida, se identificó como un arrancar pidiendo respuestas a la vez que amenazaba con la espada pero no la blandía con la intención de matarlo si no con la de asustar, cosa que hizo soltar una carcajada a Rohan.

Rohan: ¿Arrancar? Con que eso soy, si sabia que terminaría como un enano hubiera seguido soportando el dolor.

Arrancar: Te he preguntado cosas enano y apenas pareces tener intención de responderlas

Rohan: No las tengo, ni tampoco las voy a tener. Lo único que busco es comida y un lecho caliente donde estirar mis piernas. Caminar tanto me dejó con un amargo sabor en la cara...

El pelirrojo pareció hartarse de insistir con su poca amabilidad y tomó al enano del cuello lanzándolo a unos metros de distancia en caída libre. Rohan aterrizó de cabeza en un campamento improvisado las brazas ardían y el calor pronto se apoderó de los miembros entumecidos por el frío. Cuando el pelirrojo llegó lanzó dos pedazos de carne a la fogata que inmediatamente comenzaron a cocinarse para luego despedir aquel aroma agradable. No hubo charlas, solo mordiscos, Rohan no era buen conversador y aquel sujeto parecía tener de amable lo que tenia de guerrero. El enano terminó de comer aquella comida improvisada cuando el arrancar, al parecer cansado del silencio, comenzó a entonar unas palabras. Rohan hubiera preferido oír a cien borrachos discutiendo antes de conocer las penurias de aquel sujeto, incluso se tomó la libertad de bostezar en contadas ocasiones.

Arrancar: Ringo-Sama nos ha prometido poder, bajo el mando de Ringo-Sama podremos salir de este agujero de miseria. Si Ringo-Sama nos dirige masacraremos a todos esos shinigamis odiosos que matan a nuestros hermanos y finalmente seremos los que plantemos la justicia. No hay nadie que supere a Ringo-Sama en combate ni nadie con tal autoridad en este mundo. ¡Seremos invencibles bajo el mando del Rey!

Rohan: Ringo-Sama esto Ringo-Sama aquello... ¡Eres insoportable! Si quería un cuento de reyes me hubiera quedado inventando uno propio. ¿No sabes hacer otra cosa que no sea adular? Los tipos como tu no duran ni un segundo por su cuenta, eres tan dependiente que seguro ese Ringo-Sama te ata los cordones antes de que salgas a caminar.

El arrancar parecía tener su rostro mas rojo que su cabello, el enano sonrió ante el hecho para luego darse media vuelta e intentar conciliar el sueño. No tuvo que esperar mucho para que aquella vocecita comenzara nuevamente con amenazas, maldiciones e incluso mas adulaciones ¡Como no! El caballero se había ofendido porque habían magullado el honor de su lealtad y ahora era su deber justificarse. Pero Rohan poco le interesaba, no tenia intenciones de hablar de lealtad o de egos rotos, tampoco le molestaba ser considerado un enano inútil por parte del hombre que parecía disfrutar con parecer alguien fuerte.

Arrancar: ¡Te llevaré con Ringo-Sama! Te obligaré a decirle todo lo que has dicho y te arrepentirás de haberlo hecho.

Rohan: Si, como digas. Si no lo recuerdo se un buen sirviente y refresca mi memoria.

Rohan era un enano pero no un idiota, sabia que si se mantenía con aquel sujeto, a pesar de lo irritable que fuese conseguiría algún lugar mas cómodo donde apoyar su cabeza y no solo una roca puntiaguda o la fría arena que se metía por las orejas. Si algo le había quedado claro era que el tal Ringo buscaba soldados para cumplir su deber y debía reunirlos cada cierta cantidad de tiempo por si una falla ocurría. No le importaba tener que jurar lealtad simplemente lo haría para luego hacer lo que se le viniera en gana, pero estaba seguro que no habría que hacerlo. El arrancar adulador parecía haber sido sometido a la fuerza, tenia la apariencia típica de un bravucón silenciado a golpes y latigazos, había poco parentesco en su forma de actuar con verdaderos caballeros leales o personas de gran calibre.

Caminaron a pie por horas, habían dormido lo suficiente para no sentirse cansados. El enano parecía la mascota de aquel arrancar, pero intelectualmente la bestia era el alto vestido de blanco y el caballero el enano decrepito que apenas se sostenía por el viento. Los ojos verdes de Rohan contemplaron las puertas del palacio, no lo había visto nunca, pero no era momento de perderse en el paisaje. Una luz roja pasó a su costado, seguida de varias luces mas, un fuerte estruendo sacudió el desierto, cuando el enano miró a su lado solo quedaban las piernas de quien había sido de cierta manera su captor. Las espadas de sus enemigos rodeaban su cuello, Rohan simplemente sonrió, cuando preguntaron sobre sus intenciones él no se alteró en lo mas mínimo. Miró las piernas del difunto, un inútil, tenia poco cerebro y había sido apaleado hace poco, seguramente había logrado escapar con algún mecanismo pero el regresar a pedir perdón era algo muy necio. No preguntó por él, alzo su cabeza mirando como los demás inclinaban las suyas para leer en sus ojos alguna clase de mentira la cual nunca surgió.

Rohan: Busco un lugar donde quedarme y una jarra de vino no me vendría mal. Tengo la boca pastosa y la carne era realmente de lo peor que he probado y eso que me he comido cosas feas.

Una carcajada sacudió el Hueco Mundo, era quizás la primera vez que aquellos soldados sin nombre ni rostro a los ojos de Rohan reían en su vida.

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