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HistoriaEditar

PasadoEditar

Kiyoshi solamente apareció en el Rukongai, sin recuerdos de su pasado dudando incluso si alguna vez fue un ser humano. No fue ninguna sorpresa para todos los habitantes su gran frustración, sin embargo había algo diferente en su disconformidad no solo robaba para sobrevivir si no que en poco tiempo había organizado un pequeño grupo que llevaba a los distritos la idea de revolución y cambio.

Poco hubiera influido de no ser por un pequeño artefacto que el recién llegado portaba y hacia que las almas más ancianas parecieran recién nacidos debido al gran desconcierto que esta herramienta generaba. Parecía una simple esfera de vidrio pero solo con dos movimientos desplegaba un mapa detallado de cada lugar conocido. Kiyoshi solo debía activarlo para sumar seguidores y la voz revolucionaria decaía en algún pobre que tenía ganas de gastar saliva.

La revolución progresaba con inusual éxito por lo que ciertos shinigamis decidieron intervenir, patrullas fueron enviadas para apresar a los subversivos pero luego chocaron con la cruda realidad. Sumidos en una guerra civil, la delincuencia había aumentado, la figura del sereitei era desprestigiada y el odio había aumentado a un nivel de intolerancia extremo. Los soldados finalmente apresaron a Kiyoshi: un niño con un mapa extraño no era una amenaza pero sus ideas habían desestabilizado a todo un sistema, no había duda sobre una ejecución.

Ley y JusticiaEditar

La ejecución era sencilla, una tabla de madera y un verdugo para decapitar. No había motivos ni querían darlos para una muerte excéntrica y popular, en mayor parte para evitar hacer de aquellos criminales unos héroes. La mayor sorpresa fue el silencio del niño aquellos desafiantes ojos violetas, que miraban con asco a cualquier persona a su alrededor. Parecía un demente, un aislado del mundo, un verdadero psicópata que no se asemejaba a un revolucionario.

Uno por uno sus compañeros fueron ejecutados frente a él pero este no reaccionó ni gritó e incluso mantuvo sus ojos firmes mirando cada decapitación con particular interés. Finalmente llegó su hora, el verdugo se negó a cortarle la cabeza a un inocente niño pero otro hombre tomó su lugar, al momento de que la espada estaba por llegar a su nuca algo lo salvó. Era lo mismo que había maravillado a los ancianos su esfera activada por accidente hizo que el shinigami lo liberará por simple curiosidad.

El hombre interrogó por aquel extraño artefacto y con gran desinterés Kiyoshi le respondió que era un artefacto para atraer tontos. Disgustado el espadachín exigió respetó pero a cambio recibió más insultos hasta ser comparado con una mosca. Harto decidió matarlo sin embargo sus compañeros le detuvieron, convenciendo al agresor de su propia inferioridad. La ley decía que todos los subversivos debían morir pero llevar a alguien inteligente para progresar era justo para mantener el orden, Kiyoshi aceptó acompañarlos pero les recordó que nunca podrían controlarlo ya que pensar eso sería una verdadera tontería y con esa frase se adentró en la academia.

El CaminoEditar

La verdad era que Kiyoshi se había dejado atrapar, era muy listo y cada movimiento fue planeado. En primer lugar debía hacer un desorden para captar la atención de sujetos poderosos, luego estudiar si aquellos enviados sentían el mismo escepticismo que las demás personas y de ser así modificar su precario mapa para hacerlo vistoso y atrayente. Finalmente ganarse la confianza mediante un juego mental que sin lugar a duda le daría una ventaja para cumplir su objetivo.

Ingresar a la academia fue sencillo y le ahorró años de sobrevivir en peligrosas calles sin contar con la fastidiosa gente que husmeaba en sus cosas. Todo era mentira, todo menos el deseo de progresar. Durante el día entrenaba en las artes tradicionales y por las noches soportaba frío y obstáculos para inventar artefactos de utilidad.

Su condición fue empeorando pero solo en su aspecto, su cabello perdió color. Su piel se empalideció, su cuerpo adelgazó y poco quedaba de aquel niño a punto de ser decapitado. Nadie recordaba la guerra civil, los subversivos yacían enterrados o eso se creía. Nunca se oficializó el asunto, el nombre de Kiyoshi estaba limpio, no había razón para sospechar de un misántropo que apenas hablaba y era tan culto hacía sus superiores.

El joven que disfrazó de caos al Rukongai ahora juraba mantener el orden y el progreso para toda la sociedad intelectual. Muchos discutirían que era una marioneta del sistema, pero habían olvidado a la persona que fue capaz de domar como bestias a más distritos que cualquier shinigami. ¿Que evitaba ahora el dominio de unos brutos shinigamis que manifestaban una falsa superioridad?

AcademiaEditar

Los días siguieron su curso, dentro de la academia Kiyoshi era el típico bicho raro. No hablaba con nadie, apenas levantaba la vista si alguien pasaba, estar cerca del mismo durante un tiempo resultaba frustrante y de cierta forma inútil. Kiyoshi era como una pared, un muro al que se le puede gritar, patalear y suplicar pero aun así no se obtendrán respuestas. Nadie sabía con certeza lo que pasaba por su cabeza, ¿Realmente se había unido para ser un shinigami? su espada era un pedazo de hoja rota, aunque le ofrecían otras opciones él se mantenía indiferente, no le apetecía cambiar su arma o lucir como un rey para salir a hacer sus tareas. Muchos lo catalogaban como un suertudo, incluso afirmaban que Mizuki Izanagi que visitaba la academia por algún que otro asunto de menor importancia en secreto lo salvaba para mantenerlo en aquel lugar. Nadie se atrevía a seguirlo, desconfiaban de su potencial y creían que ser su compañero de armas era lanzarse a un suicidio seguro.

El joven no tenía la característica emoción de la batalla, no le interesaba formar parte en grupos de combate, ni de entretenerse en fiestas. Siempre serio, ojeroso y con mal aspecto pero antes muerto que borracho. Si alguien se le acercaba en ciertos días agitados, el muro se había convertido en un saco de huesos, que apenas tenía voluntad para dejar de pudrirse. Nunca en la historia de la academia había llegado alguien tan extraño, o eso se rumoreaba, la verdad era que a Kiyoshi le importaba poco y nada los rumores. Si era un caso excepcional le agradaba, la idea de ser diferente, de marcar una parte de la historia con un sello imposible de imitar era un sueño hecho realidad.

Mizuki siempre le reprochaba sus proyectos, los veía como inútiles o mejor dicho innecesarios, largas horas fueron dedicadas a las confrontaciones ideológicas sobre cada aspecto. Kiyoshi argumentaba el progreso, lo que se consideraba seguro y practico en una guerra moderna, afirmaba que depender de artes tradicionales durante tanto tiempo convertiría a los trece escuadrones en simples niños armados con ramitas mientras que en el exterior una amenaza aún desconocida podría arrasarlos sin ningún problema. Mizuki en cambio, fiel a su conocimiento de largos años en servicio de la doceava división exponía que habían soportado milenios, siglos e incluso más de lo que sus superiores podrían confirmar amparándose de los métodos tradicionales que eran confiables. Aun así, ninguno de los dos pudo superar al otro, cada uno mantuvo firme su posición hasta la última mirada, hasta el último portazo en aquella sala de entrenamientos. Sus discusiones a menudo surgían cuando Mizuki se interesaba en los alumnos que podrían ser potenciales investigadores y Kiyoshi veía esto como una oportunidad de llevar sus ideas a la cúspide del Gotei 13.

Kiyoshi no tomó esto como algo personal, siempre refiriéndose con respeto hacia Mizuki solo por ser un superior, pero afirmaba que en un encuentro informal no habría los mismos términos. Los estudiantes miraban desconcertados, aquel tipo parecía un verdadero loco tratando de forma tan egoísta a la mismísima teniente de una de las divisiones más aterradoras de la sociedad de almas. Pero incluso los dichos de Kiyoshi fueron más despectivos en cuanto a los superiores de la sociedad de almas, él los consideraba unos ineptos, no por su poder o sus habilidades si no por la simple razón de estar tan ciegamente confiados de los métodos tradicionales. Aquello era el punto de cada conflicto, tradición o modernidad, cambio o confianza, miedo a lo desconocido o seguridad al poder confrontarlo.

Pese a todos los pronósticos, Kiyoshi pudo graduarse con gran facilidad al cumplir la edad requerida para alistarse a una división. Cabe aclarar que ingreso como un niño pero muchos lo habían olvidado, aquel mocoso había crecido para convertirse en un misántropo en el cuerpo de un hombre. Muchos estudiantes se sorprendieron de verlo partir con la misma espada rota, con la misma actitud odiosa y con los mismos ideales del primer día. Dicen que todos los que atraviesan la academia pasan por una serie de cambios, si había algún cambio en Kiyoshi era su deseo de llevar su progreso hasta la cúpula más elevada de aquella tradicional y decadente sociedad.

El perro y su correaEditar

Habían pasado unos meses, Kiyoshi se desempeñaba como un shinigami educado y neutro en sus relaciones con los demás, no tenía muchas interacciones y las pocas que realizaba dejaban un desconcierto creciente en la mente de quien escuchaba sus palabras. No era el mejor shinigami, ni el más poderoso, mucho menos el más inteligente, pero era bueno, demasiado para un graduado. Era de esperarse que esto llamara la atención de los verdaderos líderes de aquel ejército, de los "capitanes" como se refería Kiyoshi al oírlos, nunca exceptuaba aquel gesto de comillas que ponía los pelos de punta a los más cobardes.

Mizuki Izanagi le había comentado que jamás levantara la voz hacia uno de ellos, mucho menos a ciertos números específicos, pero a Kiyoshi esto le importaba poco y nada él no se dejaría intimidar por la primera capa blanca que pasara por su puerta ni mucho menos se rebajaría a una reverencia. No le interesaba, no le importaba que tuvieran un haori o que presumieran su bankai cosa que no se alejaba mucho de lo que cualquier niño haría con un juguete nuevo, él no se rebajaría a ser un perro mucho menos de alguien que creyera que tenía el derecho de adiestrar a cualquiera como un animal indefenso.

Kiyoshi fue llamado a una reunión, no era una de esas fiestas que siempre rechazaba, la misma comandante general había firmado la nota. Ignoró las mayúsculas que deletreaban textualmente "P-R-E-S-E-N-T-A-B-L-E" también ignoró toda la cordialidad y los pretextos que hacían de la nota más amigable, simplemente leyó lo que quería leer y se alisto hacia los cuarteles generales sin pensar demasiado en que decir o como presentarse.

Allí se encontró con Alana Furukawa "Que novedad, un gato. Con razón estamos como en la época medieval" pensó para sus adentros el shinigami mientras ingresaba sin dar mayores saludos que una pequeña seña lo cual pareció molestarle a la gata pero apenas observó los ojos de Kiyoshi dejó aquella pelea de lado. No era intimidación más bien era un rencor profundo hacia las situaciones absurdas, podrían haberse insultado incluso arañado entre sí, pero aquello solo debilitaría la imagen de la comandante a un grado aún más profundo de la que ya estaba para Kiyoshi. A un costado había otra persona, alguien de que poco había oído hablar Kiyoshi, pero aun así era reconocido. Un haori, el pelo largo y negro, mitad de la cara cubierta con una bufanda, "Hasta parece una versión idiotizada de mi" pensó con cierto sarcasmo el recién llegado mientras saludaba con la misma informalidad a aquel sujeto.

Alana: El capitán Hariken y yo hemos llegado a un acuerdo. Kiyoshi desde ahora serás su teniente.

El anuncio fue corto, sin opiniones, silencio de ambos lados. Una bandana para lucir en el brazo, un saludo informal y nada más. Fue más fácil de lo que había pensado Kiyoshi, pero a la vez demasiado para que se terminara ahí. Kazuo Hariken nombre que recordaría de ahora en adelante, se frenó a pocos pasos del cuartel y se dispuso a entablar una conversación con su nuevo teniente.

Kazuo: Bueno felicidades, ahora partamos a los cuarteles.

Kiyoshi: No seré tu jodido perro, maldito.

Kazuo: ¿Disculpa?

Kiyoshi: ¿Estas sordo o te lo explico con detalles y gráficos?

Kazuo había entendido al primer momento, pero aquello no estaba dirigido a él en particular, era un discurso dirigido a todo el seireitei. El capitán lo comprendió apenas se fijó en aquella mirada carente de emoción, en aquel fuego que brillaba desde el más profundo infierno, aquel muchacho no era normal. Un silencio invadió la distancia entre ambos, el viento se encargaba de cortarlo cada tanto, las nubes cubrieron la luna dejando que la oscuridad se presente en aquel instante.

Kiyoshi: Existen dos tipos de inútiles en esta vida, y uno que se encarga de dejarlos al descubierto. Yo no seré el perro de nadie, puedes creer que esta cinta es mi correa, pero estas equivocado.

Kazuo: No deseo que seas un perro, ¿Quién te ha dicho eso?

Kiyoshi: Vamos debes estar ciego para no... Ah cierto te cubres un ojo por eso ves la mitad de la realidad.

Kazuo: Lo único que veo es que estas chiflado.

Kiyoshi: ¿Único? hasta tú mismo afirmas tu desconocimiento, escucha, los tenientes por lo general quieren dos cosas 1.Poder 2.Confianza. Yo quiero abrirte los ojos no me pongas en tu contra.

Kazuo: Te escucho.

Kiyoshi: Yo podría ser un perro, hacer que tu figura parezca grandiosa, hacerte pasar por un dios. Pero te harías flojo y perezoso para que luego un baldazo de realidad te ahogue. También podría ser sumiso y ganarme tu confianza, pero estarías tan ciego que no verías mi puñal en tu espalda, no al menos hasta que tu corazón se haya detenido. ¿Me entiendes? Yo soy la realidad que viene a despertarte antes de que te duermas para siempre.

El capitán no respondió, solo sonrío ligeramente, una mueca que le daba la razón de Kiyoshi. Había estado ciego y confiado todo ese tiempo, primando por el bienestar de sus hombres que poco se había encargado de fijarse en el mismo, aquel llamado de atención le abrió los ojos y lo puso en guardia. Se sintió nuevamente como un capitán, ya no era la marioneta que durante muchos años había sido, aquel muchacho era un genio. Pero luego cayó en la realidad, no era un genio, lo había convencido pero él no había estado tan ciego aquel hombre tenía el don de resaltar los defectos de quienes estaban a su alrededor solo para lograr sus progresos.

Kazuo: La correa puede asfixiar

Kiyoshi: Pero eres incapaz, lo sé porque entregas tu corazón a tus subordinados y jamás los dejarías morir.

Kazuo: Sus muertes me hacen más fuerte

Kiyoshi: Entonces ve y mátalos a todos, cuando vuelvas mátame a mí y lleva mi cabeza como trofeo. Estoy muy seguro que Alagata te dará un premio, quizás un pescado podrido.

Kazuo: Reitero lo que dije estas chiflado, realmente chiflado.

Kiyoshi: Entrega tu corazón y despídete del progreso, hazte de piedra y vive como una roca inútil. Hazte una máquina y logra la perfección.

Rieron, no una risa agradable, era tensa y llena de huecos. Kiyoshi no tenía interés de ser un subordinado fiel como un perro, pero había demostrado que se mantenía conforme de momento. Kazuo era incapaz de matarlo por insoportable que pareciera, era el único que podía identificar la verdadera naturaleza de las personas, estaba de su lado ambos combatían para librar a su división de aquellos traidores y más aún, estaban implementando nuevas medidas que ayudaban a progresar al menos eso planteaban.

Descubriendo el BankaiEditar

Como teniente la vida de Kiyoshi cambio en cierta manera, sus proyectos avanzaban a pasos agigantados, su popularidad se incrementó y dentro de poco tiempo estaba comercializando su complemento nutricional en grandes cantidades. No le importaba el dinero, lo veía como un producto para hacer crecer su conocimiento, tampoco le importaba ser popular ya que era sinónimo de problemas y de gente insoportable a su alrededor. Ya tenía suficiente con dos o tres personas que estaban a su alrededor, no necesitaba más gente que se metiera en sus asuntos ni que viniera con chistes a arruinarle su ambiente de trabajo.

Kasō Sekai lo ayudaba en todo avance, cuando se sentía atascado en un procedimiento siempre recurría a ella y sus respuestas eran siempre acertadas. No entendía como un espíritu encerrado en una espada podía tener tanto conocimiento, pero él también era un espíritu o así lo había entendido en una de las clases que explicaban lo que realmente era un shinigami. Kasō Sekai no daba respuestas sobre temas espirituales, era más una máquina que no le interesaba esa faceta de la vida y solo le preocupaba su poder y la forma en que lo utilizaban. En cierta forma era muy similar a su dueño, aunque ninguno se dirigía hacia el otro con respeto o buscando la aceptación, simplemente era un trato informal y muchas veces descortés repleto de frases sarcásticas que buscaban degradar al otro.

Kasō Sekai: Bankai

Exclamo la figura al otro lado de la pantalla mientras Kiyoshi insertaba algún tipo de artefacto en un animal que Burashi le había traído aquella tarde. El shinigami la ignoro sin prestarle demasiada atención pero cuando volvió a repetirlo, en una especie de inconsciencia se giró dejando al animal a medio completar y presencio la cara de Kasō Sekai que parecía concentrada y aislada del mundo, más de lo habitual.

Kiyoshi: ¿Qué?

Kasō Sekai: Llego la hora, debes liberarlo, liberar mi poder.

Kiyoshi: ¿Y cómo se supone que haga eso? Oh ya se llamare a un cerrajero

Kasō Sekai: No es momento de sarcasmos, te enseñare el camino, pero esos tres que siempre están deben ayudarte.

Kiyoshi: ¿Esos inútiles? Kazuo puede ser aceptable ¿Pero Taisei y Burashi? ¿Acaso se te zafó un tornillo?

Kasō Sekai: Obedece o lárgate.

Aquella frase pareció importarle de cierta forma a Kiyoshi quien dejo aquel proyecto postergado mientras se lavaba las manos ensangrentadas para salir de su madriguera, de aquella cueva a la que él llamaba "Sala de estudios". Emergió de la oscuridad como un espectro, quejándose de la poca luz que le dañaba la vista, mientras buscaba a su capitán sin presentar mucho apuro en localizarlo. "¿Bankai? ¿Necesito eso?" se preguntaba sin reconocer que muy interiormente lo deseaba, deseaba conocer que era tan importante para joderle un día tan laborioso, ansiaba que aquello fuera algo poderoso o que simplemente hiciera ver sus inventos como simple estiércol secándose al sol.

Kazuo: Kiyoshi. Apenas sales de ese lugar, ¿Que fue tan necesario?

Kiyoshi: Kasō Sekai. Menciono algo sobre un Bankai, sígueme y no preguntes.

Las palabras frías entre ambos duraron menos de lo que Kiyoshi se imaginaba, ahora debía encontrar a los otros dos inútiles. Kazuo era alguien serio y correcto que se pasaba casi todo el día en la división, pero ¿Y los otros?. Kiyoshi conocía bien a sus "amistades", Burashi seguramente estaría peleando, ya sea con algún shinigami que le dijo su apellido o algún animal que paso cerca de él mientras que Taisei seguramente a aquellas horas estaría tomando en algún bar.

Kasō Sekai: Aquí Kasō Sekai, Burashi Tegami 16 grados oeste. Taisei Tsubasa, 18 grados norte.

Kazuo: ¿Le entiendes algo?

Kasō Sekai: No me di cuenta de ti, Taisei está en un "Bar" y Burashi peleando con unos bandidos en el Rukongai.

El espíritu se comportaba de forma arrogante, de hecho disfrutaba cuando no entendían sus coordenadas que de hecho solo Kiyoshi podía interpretar debido a que se correspondían a los circuitos, pero aun así Kasō Sekai alardeaba de que era un lenguaje sencillo y demasiado moderno para algunos. Kazuo ignoro aquella falta de respeto, "de tal shinigami tal espada" pensó para luego ir por Taisei ya que de inmediato notó el disgusto de su teniente al oír la palabra Bar. Kiyoshi por su parte se dirigió al Rukongai, un lugar repleto de personas, pero gracias a la habilidad de su shikai "apareció" detrás de Tegami en apenas unos segundos. El tercer oficial seguía castigando a un bandido a mano limpia, mientras a su alrededor los otros miembros de la banda se retorcían inconscientes.

Kiyoshi: Burashi, si sigues así vas a quedarte sin personas a las cuales golpear.

Burashi: No importa, debe morir ¿Un momento Kiyoshi-san?

Kiyoshi: Es Kiyoshi y punto, grábale eso a tu diminuto cerebro.

El shinigami soltó al hombre dejándole caer, quizás debido a la sorpresa de ver que Kiyoshi se había movido un poco, desde la mañana había estado en su laboratorio haciendo pruebas y no le había dado signos de querer salir aunque para Burashi el teniente jamás daba signos de nada hasta que lo hacía. Le molestó aquel insulto pero no discutió, Kiyoshi por primera vez en mucho tiempo parecía apurado, sus manos no dejaban de teclear en el aire y eso era inusual en el silencio.

Burashi: ¿Cuál es el asunto?

Kasō Sekai: Al fin muestra seriedad, más que una bestia.

Burashi: ¿Quién demonios eres tú?

Kasō Sekai: No necesitas saberlo, no te interesa saberlo y no quieres saberlo.

Burashi pareció intrigado por aquella pantalla que mostraba una imagen del otro lado y que además le respondía con el mismo semblante que caracterizaba a Kiyoshi. Era la primera interacción entre ambos sujetos, pero "la mujer robot" como la había identificado parecía saber más de lo que aparentaba.

Kiyoshi: sígueme, y no hagas más preguntas. No quiero perder el tiempo.

El grupo de dos shinigamis y un espíritu se dirigió al cuartel de la séptima división para reunirse con Kazuo y un "alegre" Taisei que comenzó a hacer bromas apenas llegaron, cosa que pareció molestar a los presentes que se mantenían serios, incluso Burashi encontraba los chistes peores que los suyos y aquello parecía decir mucho.

Kasō Sekai: No te equivocabas en llamarlos inútiles

Kiyoshi: Al fin entras en razón, ya pensaba en enviarte con un herrero para ver si algo se te había zafado de verdad.

Kasō Sekai: Tendrías que ir tú a un herrero, porque es imposible que tu cerebro siga sano después de conocer a estos tontos.

Taisei: ¿A quién llamas tonto imagen flotante parlante?

Kasō Sekai: No creo tener que responder.

El grupo de cuatro integrantes se puso en marcha, en el camino Taisei se fue reponiendo y ya no decía tantas palabras, se mostraba serio aunque de vez en cuando trataba de animar las cosas siendo aquel el momento en que Kasō Sekai o Kiyoshi le ponían un freno y lo apartaban del grupo. Burashi aprovechó para preguntarle a Kazuo si Kiyoshi solo fingía aquel humor haciendo que el capitán le responda "Es así las 24 horas del día, todo el año y en las festividades es mil veces peor". Llegaron, era el claro de un denso bosque y Kasō Sekai dio instrucciones de construir una especie de circuito, el rango que abarcaba era enorme por lo cual ahora se entendía la necesidad de manos extras. Kazuo ayudaba, solo porque conocía que el Bankai era un privilegio otorgado a pocos casos, Taisei creía que lo hacía por amistad y Burashi simplemente por el hecho de estar aburrido.

El circuito fue dispuesto pero Kasō Sekai dio otra orden más, Kiyoshi debía crear una barrera lo suficientemente fuerte para que nadie interfiera y también para controlar aquel poder si algo salía mal. Shijū no Saimon fue el encantamiento elegido, y luego de realizar correctamente los encantamientos Kiyoshi se sentó en posición de loto y medito. En el exterior solo se podía esperar, Kazuo tenía confianza en que Kiyoshi superaría la prueba, Taisei parecía expectante por ver que surgiría de la enorme barrera, Burashi solo se proyectaba a si mismo dentro con la intención de algún día poder alcanzar aquel estado de conexión con su propio espíritu.

Kasō Sekai: Kiyoshi, esta vez no pelearas contra mí. Pasado-Presente-Futuro, sube la torre enfrenta las pruebas y demuestra que mereces mi poder.

Las palabras despertaron a Kiyoshi quien se encontraba en un enorme desierto, el viento resquebrajaba la tierra mientras que frente a él se levantaba una torre, alta, imponente, la mayor obra arquitectónica jamás diseñada. Aquello era muy diferente al mundo interno que lo tenía acostumbrado, los circuitos parecían haber desaparecido y solo la torre se diferenciaba del desierto. Pudo haber explorado pero aquello no era de importancia, debía subir, tres pruebas una vida.

Kiyoshi: Comencemos tu juego, Kasō Sekai...

Apenas al ingresar el shinigami se sintió nuevamente en el mundo interno, ahora lo comprendía, el primer mundo interno aquel moderno y sofisticado sistema era el interior de una torre. Solo una fracción de lo que realmente escondía, había estado ciego todo aquel tiempo pero jamás se lo había puesto a pensar, jamás creyó haber ignorado un secreto semejante. La primera planta era azul, las líneas verdes rodeaban cada sector de las paredes, circuitos por doquier. Se percató de unas escaleras pero frente a ellas había un hombre, un desconocido, tenía el cabello blanco corto, vestía un Haori destrozado pero aún se apreciaba el símbolo de la quinta división, una espada negra en mano y una especie de muñequeras en cada brazo.

Kiyoshi: "Pasado", me esperaba a la sabionda de Mizuki o a los locos del Rukongai ¿Pero esto?

Seicer: Kobashi, Seicer Kobashi. Fui capitán hace muchos años, mi alma permanece encerrada en esta torre.

Kiyoshi: Me importa un bledo, estoy aquí por mi bankai y no me interesa que seas un Kobashi o un capitán, ni siquiera me interesa tu ridículo nombre.

Seicer: Que así sea, morirás aquí, frente al capitán más fuerte de mi generación.

Las espadas chocan

Segundo piso, aquel duelo había sido muy reñido, sangre, aquello no importaba. "Has superado la prueba" aquello importaba. Herido debía enfrentarse a su segunda prueba, presente, no sabía que lo esperaría. No podía sacar conclusiones apresuradas, no era el momento de perder tiempo en charlas, sangraba, aquel bastardo era fuerte. Había derrotado a un capitán, pero no importaba, era su mundo interno él reinaría, su espada no podía obligarlo a morir allí. Rojo, rojo como la sangre que emanaba de sus brazos, como aquello que recorría su cabeza, así era la segunda sala y frente a las escaleras ascendentes no se encontraba otra persona si no su propio reflejo.

Kiyoshi: Ahorremos la pérdida de tiempo

Reflejo: Estas hablando mucho para ser yo

Pero antes de que otra palabra resonara.

Las espadas chocan

Futuro, última prueba, último aliento. Un brazo colgaba inmóvil, el otro sostenía la espada rota, un ojo se entrecerraba por el peso de la sangre, el otro se mantenía atento. Escalón tras escalón, el paso se hacía más lento, cuando se estuvo por rendir sintió las voces en su cabeza, aquellas que no dejaban de molestarlo. Kazuo discutiendo sobre la lealtad, Taisei riendo de algún que otro insulto, Burashi con sus chistes absurdos. ¿Estaría muriendo? Kiyoshi no lo sabía, pero si aquello era agonía, prefería morirse de inmediato antes de que otro de los inútiles chistes de Tegami acompañaran la insoportable risa.

Un salón negro, su ojo atento pudo divisar a aquella figura, no se trataba de un shinigami, tampoco era alguien conocido. Portaba un traje blanco, y un hueco se asomaba por su pecho, era una persona alta, pero sus rasgos faciales se confundían por la oscuridad. Un hollow, no, aquello era algo más poderoso algo que su shikai no podía derrotar. Futuro, aquello le aguardaba si seguía en las sombras, si seguía ignorando todo el esplendor de su potencial. Apogeo, la palabra retumbo en su mente, apogeo, la figura se detiene y examina su entorno. Lo ve, se observan, ninguno habla pero...

Las espadas chocan

En el exterior, un fuerte sonido ensordece a los presentes. La barrera se agrieta para luego comenzar a derrumbarse, el humo que ha invadido el interior no deja espiar que se oculta tras el polvo. Kazuo, Taisei y Burashi se mantienen serios, no optan por ninguna opción, si Kiyoshi murió deberán dejarlo tal y como aparezca. Si está vivo, el festejo no es una opción recomendable. El humo comienza a disiparse en un torbellino, seis alas se muestran con esplendor. Dos armas modernas son ahora sujetas, Kasō Sekai no aparece a la vista, aquello fue el despertar de un nuevo poder. Aquello era Zanseiki no Kasō Sekai.

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