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Hirogen Motoki/Historia

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Vida en el Rukongai Editar

De niño creció en el distrito 56, la vida no era sencilla, pero aun así llevadera. No tenía amigos muy cercanos, a todos les gustaba jugar a las luchas, mientras que el prefería mantener las distancias, mirando los árboles. Siempre notó que estos le llamaban, los demás lo consideraban loco, pero el sabía que no era ninguna locura.

Tenía 9 años. Era de pequeña complexión, las pocas veces que accedía a luchar, siempre perdía. Nunca le interesaron todos esos juegos bruscos, siempre optó por jugar en el bosque.

Aparte de la naturaleza, había algo que también le llamaba la atención. Los Shinigami. Quería ser como ellos, pero no tenía idea de como. Sus amigos le dijeron que había que tener mucho Reiatsu, así que comenzaron a entrenar. Mientras que sus amigos generaban un punto de luz, Hirogen podía crear una bola de energía de enorme tamaño, cosa que sorprendió a los demás, ¿Cómo podía ser que el debilucho del grupo tuviese tanto Reiatsu?

Esta noticia molestó a Shira, uno de los matones del distrito de algunos años más que el niño Hirogen, así que decidió montar guardia en su casa. Cuando el tiempo pasó y Hirogen salió de su casa, y asegurándose de que sus pades no estuvieran en casa, Shira y sus amigos saltaron a la acción.

- Tú eres el chico al que le gusta jugar con Reiatsu ¿No?-

Hirogen le miró. era más alto que el, relleno, con pequeños ojos y cabello castaño claro y enrulado. Vestía un buzo gris y campera negra, y unos pantalones del mismo color. Su sonrisa burlona le parecía insoportable. Hirogen echó un vistazo a sus "guarda-espaldas" detrás de el, un par de chicos comunes pero que evidentemente les gustaban los pleitos, y se dio la vuelta para continuar su camino.

- ¡No corras, gallina!- exclamaba Shira mientras Hirogen se iba, y como le hizo caso omiso nuevamente, aceleró el paso y lo tomó del hombro para voltearlo. - ¿Te crees muy valiente eh?- le dijo amenazándole con la mirada. - ¿Por que haces esto? ¿Te has puesto a pensarlo?- Hirogen estaba nervioso, podía notarlo, pero aquello no le quitaba lucidez, aunque ya estaba preparándose para lo inevitable.

Shira le propinó un golpe en la cara que hizo voltear a Hirogen y desestabilizarlo, pero recuperó el equilibro a tiempo para no caer al suelo. Hizo presión con su mano en la mandíbula, donde le había golpeado, le dolía más el hueso que otra cosa. enfurecido, se dio la vuelta y lanzó un puñetazo, al que Shira detuvo con la mano. Al ser Hirogen más rápido, le dio una patada en sus partes antes de que pudiera hacer cualquier cosa, y cuando Shira se inclinó por el dolor, Hirogen le dio un puñetazo en la cara. Shira, reponiéndose más rápido de lo que su contrincante esperaba, lo tomó del buzo y arrojó al suelo, para darle una patada tras otra hasta que se cansó.

- La próxima vez te piensas dos veces el responderme de esa manera-

Shira volvió a sonreir, se chocó las manos con sus amigos y entre carcajadas se perdieron de vista. Pasaron muchos minutos para que Hirogen pudiera levantarse, y en seguida se metió en su casa para cubrir sus heridas de sus padres y, además, porque iría a la escuela al día siguiente.

Los meses pasaron, y con ellos los años. Hirogen acabó bachillerato a los 18 años. Si bien había madurado, su personalidad solitaria había permanecido en el, aunque los amigos de su infancia seguían siendolo, pero no era ninguna relación muy cercana. La que sí lo era, era con un chico llamado Tatsuya, el cual conoció a los 14 años y desde entonces fueron mejores amigos.

Tambien había una chica llamada Ayane de la que Hirogen estaba enamorado, pero su soledad estaba acompañada de timidez; se llevaban bien pero temía decirle lo que sentía.

Y claro, estaba Shira. Tambien había madurado, pero seguía siendo un brabucón busca-pleitos. Molestaba a Hirogen de vez en cuando, y a los 16 se enfrentaron en combate, en el cual Shira volvió a vencer. Sus amigos matones, sin embargo, ya lo habían dejado, y estaba prácticamente solo.

Ahora graduado, Hirogen comenzó a trabajar. Había entrenado su Reiatsu, lo que le permitió darle pelea a Shira en su último encuentro, pero los resultados se vieron más notables en el último año. Hirogen tenía una buena cantidad de Reiatsu, lo que le permitía ser bastante fuerte, ágil, veloz y resistente, incluso podía liberarlo causando una gran ventisca a su alrededor. 

Sin embargo no era el único; varios habían demostrado interes en convertirse en Shinigami justo como el, incluido Tatsuya, quien no era tan inteligente y resistente como Hirogen, pero sí más veloz y fuerte. Todos aquellos que despertaron ese interes, tambien demostraron que no estaban hechos para la vida en el Rukongai.

Extracurricularmente, Hirogen amplió mucho sus conocimientos botánicos, siendo su mayor pasatiempo el pasear por los bosques del distrito estudiando todas las plantas e incluso criaturas que allí vivían. Las leyendas locales, sobre todo transmitidas por los ancianos, hablaban de un extraño espíritu que moraba en lo profundo del bosque, una presencia que Hirogen llegó a sentir, pero nada más que eso.

Lo que no sabía, era que todo lo que conocía estaba a punto de cambiar.

El Distrito en LlamasEditar

Vivía en el distrito 56. A menor sea el numero, mejor se vive, y el último distrito era el 80. Hay 80 en cada punto cardinal, siendo el de Hirogen el del oeste.

La diferencia de criminalidad y calidad de vida entre el distrito 1 y el 80 se debe a la proximidad de cada grupo de distritos al centro, que es el Seireitei, donde viven los Shinigami. Por esto, el distrito 56 no era el mejor pero tampoco el peor, pero estando más cerca de esto último.

Al no haber Shinigami patrullando el Rukongai, (cosa que muchos querrían, lo que genera cierto desprecio hacia estos seres), en los bajos distritos los criminales comenzaron a unirse, formando pandillas, que atacaban otros distritos con el objetivo que conseguir recursos y de esa forma aumentar su poder.

Es por esto que los ancianos designaron vigías a cada distrito para avisar si alguna de estas pandillas de crimen organizado se acercaba. Hirogen y Tatsuya, jóvenes pero hábiles gracias al entrenamiento con el Reiatsu, eran dos de los tantos vigías, y les tocaba turno luego de trabajar. Se alojaban en una no muy alta muralla de madera que se extendía al rededor del pueblo.

- Esto está aburrido- se quejaba Tatsuya mientras se desperezaba, no había nada más que casas y árboles en el horizonte.

- Creeme que prefieres esto a que ver un ejercito de degenerados aproximarse- le dijo Hirogen.

- Bah, les patearía el trasero de vuelta al agujero de donde salieron- dijo su amigo.

Hirogen tenía el aspecto de un adolescente alto, y atletico gracias al entrenamiento. Sus ojos seguían siendo verdes y su cabello celeste, cosa rara en su familia ya que al crecer sus cabellos se tornaban blancos incluso a su edad. Hirogen creía que se debía a su entrenamiento y contacto constante con la energía espiritual, ya que aquello era lo único que lo diferenciaba del resto de integrantes de su clan, aunque no lo sabía a ciencia cierta.

Tatsuya era más bajo pero más atlético, vestía botas color marrón y un pantalón del mismo color, sujetado por un cinturón de tela roja. Vestía una musculosa blanca, desgarrada en los hombros y pecho, dejándolo al descubierto junto a los brazos. Su piel era más tostada que la de Hirogen, la cual era blanca mas no pálida. Llevaba una banda roja en la cabeza, y su cabello era castaño oscuro, despeinado hacia todos lados, recogido en la parte de atrás con una goma de pelo roja. La cola de caballo, picuda como el resto de su cabello, no caía en su espalda sino que se mantenía estática.

- ¡Vaya, no esperaba encontrarlos aquí!-

Una voz reconocible donde sea les llegó a los oídos por la derecha y voltearon para vera su portador.

- ¡¿Shira?!- Hirogen ciertamente estaba sorprendido de que Shira estuviera de vigía tambien.

- ¿Que? Si llamaron a un debilucho como tú a ser vigía es obvio que a mi tambien-

- No soy el mismo de hace dos años Shira, veo que tus problemas psicológicos de necesitar sentirte superior a los demás no han cambiado-

- Tú un vigía... ¡Tienes esa espada ahí y no sabes ni como usarla! en cambio mi padre me enseñó. El fue un gran guerrero, no un bueno para nada como el tuyo-

- Di otra cosa más sobre mi padre. Tan solo hazlo, maldito hijo de p...- Hirogen ciertamente se vio ofendido por el comentario de Shira.

- Tranquilo Hiro, el es mucha apariencia, no es ninguna amenaza en realidad- le tranquilizó Tatsuya.

Shira era más alto que ellos, y más robusto, y ciertamente sabía pelear y usar la espada. Pero Hirogen y Tatsuya se habían entrenado en Reiatsu, sus habilidades estaban a otro nivel.

- Ah, claro, hablan de su Reiatsu, les hace sentir increíbles, ¿Pero saben? No son los únicos...-

Hirogen se sorprendió y ojeó a Shira. Vestía su chaqueta de cuero usual, su cabello corto y negro... Nada había cambiado. Pero gracias a su entrenamiento, era capaz de sentir, aunque no de manera muy eficaz, el reiatsu de otras personas. Sentía algo muy leve en su interior.

- ¿Te has estado entrenando? Supongo que algún día tendremos que ver quien es el más fuerte-

- ¿Algún día cobarde? ¿Por que no ahora?-

Pero Tatsuya terció.

- Ahora tenemos mayores problemas, ¡Miren!-

en aquel usualmente vacío horizonte, una horda de bandidos se aproximaba esgrimiendo espadas, cuchillos, palos, machetes, mazas y antorchas. Además, alzaban un estandarte rojo con lo que parecía un león con alas de cuervo y otra cabeza de este último animal, color negro.

- ¡¡Se aproximan!!- bramó Hirogen, y el pueblo comenzó una urgente evacuación y los vigías se alistaron para pelear.

- ¡¡No dejen que entren al pueblo, planean quemarlo con las antorchas luego del saqueo!!- bramó el líder de los vigías.

Los guerreros salieron de la muralla, armados con espadas, y los bandidos se detuvieron. Ambos bandos se encontraban a aproximadamente 100 metros de distancia. el silencio y la tensión eran penetrantes, los bandidos reían entre-dientes por lo bajo.

Hirogen estaba asustado, su vida podría acabar allí mismo.

- eh Tatsuya... Creo que es un buen momento para patearles el trasero y mandarlos al agujero de donde salieron como dijiste- bromeó con voz titubeante, quizá para distraer su mente del horror que tenía en frente.

- Pues ahora que lo mencionas...- Tatsuya se encontraba en un estado similar.

Hirogen echó un vistazo a Shira. Sorprendentemente, se encontraba peor que ellos; no podía controlar su temblor y había empezado a sudar.

Las risas de los bandidos comenzaron a acrecentarse.

- Malditos hijos de perra... ¿Que les resulta tan gracioso? Les vamos a borrar esas sonrisas asquerosas en...- Tatsuya estaba asustado y enojado al mismo tiempo, mas fue interrumpido por el líder de los vigías.

- No pierdas la lucidez, Tatsuya. Mira con atención, ellos son 62, y nosotros 24. el dejarnos llevar por nuestras emociones no es una buena opción en una situación así. Si queremos tener una mínima oportunidad, mantengan la mente fría, todos-

el líder, cuyo nombre pocos sabían y pseudónimo era Hunter, era un guerrero excelente. No había entrenado nunca su reiatsu, y sin embargo era probablemente el luchador más fuerte de todo el Rukongai. Incluso una vez, dos Shinigami se habían colado en el distrito para conseguir mujeres, y Hunter los venció al mismo tiempo. era alto, muy alto, y un cuerpo muy entrenado. vestía un kimono azul y pantalones negros, cabello corto y castaño oscuro, y era el único que portaba una katana.

Incluso, en las pruebas para ser vigía voluntario, Hirogen fue evaluado por Hunter mismo. Lo que debía hacer era golpearle y derribarlo. era muy alto como para hacerlo en la cara, pero no era un impedimento, Hirogen le golpeó con todas sus fuerzas en el pecho. Hunter no se había movido ni un milímetro, ni se inmutó, mientras que a Hirogen le quedó todo el brazo adolorido. Hunter lo miró a los ojos, intimidando inintencionadamente al chico, y al cabo de unos segundos lo aceptó como vigía. Quizá había logrado hacerle cosquillas, cosa que la mayoría no habría podido hacer.

Un bandido se abrió paso entre los demás, y se quedó en frente. Iba a hablar. Hirogen sonrió. Sí, la desventaja era enorme, pero estaba seguro de que Hunter no caería hasta derrotar a al menos 20 hombres. Realmente tenían oportunidad.

- Aldeanos…Yo veo sólo dos opciones, pueden hacerlo fácil y huir, o difícil y morir-

Nadie dijo nada. ¿Y si huían y hacían todo más fácil...?

- Probablemente crean que son valientes al intentar defenderse, y es admirable, pero no pueden ganar. Nadie puede. Somos los Halcones Negros. Ni un solo saqueo hemos fallado-

- ¡Pues será el primero idiotas, ¿Por qué no se van y dejan de incordiar?!- gritó un vigía adulto.

- Las pandillas saqueamos pueblos y luego combatimos entre nosotras, de esa manera podemos quitarles los recursos que son mayores gracias a los saqueos. El efecto dominó seguirá hasta que quede una sola pandilla, la más poderosa de todas- respondió el vocero de los bandidos.

- ¿Y para que exactamente quieren formar algo así?- gritó otro vigía.

- ¿No es obvio? Necesitamos reunir toda la fuerza del Rukongai. Una vez logrado eso… Nos enfrentaremos al Seireitei-

Todos enmudecieron.

- ¿Así que por eso saquean y luchan? ¿Para reunir recursos materiales y humanos para rebelarse contra el Seireitei? ¿Por qué?- preguntó Hirogen con muchos sentimientos encontrados.

- Porque los Shinigami son basura niño- sentenció el vocero.

Hirogen quedó sin palabras, y en blanco, sorprendido.

- Y no merecen el trono de la sociedad de almas. Así que vamos a arrebatárselo-

Hirogen apretó los puños, se había enojado, ya que si bien opinaba que la gestión del Seireitei no era la más adecuada para con el Rukongai, también era cierto que quería convertirse en Shinigami no sólo para cambiar y mejorar eso, sino que también porque era su sueño. Y ese tipo había insultado su sueño.

- ¿¡Y en vez de pelear como unos imbéciles para reunir todo el poder en una pandilla por que no trabajan juntas? Serían exactamente el mismo número de recursos y al no pelear tendrían más hombres!- argumentó.

- Hay pandillas que nunca trabajarían juntas con otras, habría traiciones y todo se desmoronaría. Nosotros somos la pandilla más poderosa actualmente, y la única con el objetivo de rebelarse contra el Seireitei, es por eso que no podemos unirnos, cada pandilla tiene sus propios intereses que chocan con el de otras-

- Muy bien… entonces será un placer- dijo Hirogen

- ¡Ja! ¡Buena decisión niño, nunca viene mal otro par de manos!-

- Será un placer tomar ese sueño suyo… Y aplastarlo frente a sus ojos- sentenció el chico, y se puso en guardia.

- Tonto e insolente niño, ahora vas a ver como los Halc…- comenzó a decir el vocero.

- Hey- interrumpió Hunter, y los murmullos y risas cesaron en seguida.

Hunter, que se había quedado mirando el suelo con los ojos cerrados, finalmente levantó la mirada hacia el vocero, el cual no se atrevió, a pesar de la ventaja, a responderle.

- Hablas… Demasiado-

El vocero no pudo hacer nada. Apenas acabó Hunter de decir la última letra, el bandido ya tenía un cuchillo incrustado en la boca, con los dientes destrozados. No pasaron muchos segundos antes de que cayera hacia atrás regurgitando sangre, hasta que finalmente murió.

Todos, incluidos los vigías, estaban sorprendidos. Nadie había visto cuando le había lanzado ese cuchillo.

Pasaron nuevamente pocos segundos, y los bandidos gritaron y se abalanzaron a sus oponentes, y estos hicieron lo mismo. La batalla había comenzado.

Pasos acelerados y gritos era lo único que se oyó hasta que las primeras líneas de ambos bandos se alcanzaron y chocaron sus armas, y el estruendo de la madera y el acero retumbó por todo el lugar.

Los vigías, al final bastante mejor entrenados que los bandidos, eliminaban a tres o cuatro antes de ser asesinados. Normalmente esto sería una ventaja, pero eran tantos bandidos que realmente, seguían en desventaja.

Esto cambió cuando Hunter, Tatsuya, Hirogen y Shira vieron la oportunidad para internarse en la carnicería, derribando a muchos bandidos y equilibrando la balanza.

- Deténganse- dijo una voz, ylos bandidos dejaron de luchar y retrocedieron.

Entonces se hicieron a un lado, dividiéndose en dos grupos. En la hilera libre que habían dejado en medio, al final de esta, había una figura.

Era una persona alta, vestida completamente de negro, con capa, y una máscara, del mismo color con una abertura horizontal en la zona de los ojos, le cubría la cara.

- Hunter…-

- ¿Y tú eres…?-

- el líder de los Halcones Negros… Revan-

- Dicen que si se corta la cabeza el resto se desmorona por si solo, ¿no?- Hunter procedió a ponerse en posición con su katana. Revan con un ademán retiró la capa de su costado dejando ver un cinturón negro donde reposaba una espada. Por su voz, era un hombre, de edad adulta y bastante severo.

- Sí… eso dicen… Será divertido ver a los vigías correr como pollos sin cabeza al ver a su líder desmembrado a sus pies-

Revan desenvaina. Ya nadie estaba luchando, todos estaban concentrados en ese gran espacio libre que habían dejado inconscientemente para esos dos. La tensión se sentía en el aire, Revan increíblemente comenzó a desprender presión espiritual, y el entorno completo perdió un poco de color, tendiendo al sepia. La gravedad parecía haberse casi duplicado, todos estaban encorvados ya que no podían mantener una posición recta, y les costaba respirar.

Hunter, no obstante, continuaba con su posición de batalla, como si nunca hubiera liberado tal presión. Entonces cerró los ojos. Cuando los volvió a ver, otra presión aparte de la de Revan surgió. Esta era diferente, todos podían sentir la presencia de Hunter, y esta les abrumaba por completo. Sentían como si estuvieran frente a una entidad que les llevara años luz de superioridad. Miedo, esa era la palabra que definía con mejor exactitud lo que sentían todos los presentes excepto Revan aquel día al sentir eso, pero los vigías, sentían miedo debido a lo abrumadora que era su presencia, pero no sentían ningún tipo de peligro. Sabían que aquel imponente ser los protegería. Eso que sentían no era Reiatsu, era su voluntad.

Ambos combatientes se afirmaron en sus posiciones, entonces ambas presiones desaparecieron en un instante, y lo único que Hirogen vio a continuación fue que ambos aparecieron en una distancia media a la que se encontraban antes, chocando sus armas, como si se hubieran teletransportado. El choque fue tal que generó una oleada de viento que derribó a todos los espectadores. La pelea del siglo había empezado.

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